27 de diciembre de 2016

[Manga] Complex, de Manda Ringo: un ejemplo paradigmático sobre el tratamiento de la homosexualidad dentro del manga para mujeres


Todos tenemos nuestros rincones oscuros de Internet a los que nos gusta acudir en la intimidad, aunque no nos sintamos orgullosos de ello. En mi caso, suelo frecuentar páginas en las que se distribuye yaoi. Éste es un subgénero del manga que narra relaciones homosexuales; normalmente realizado por mujeres y orientado hacia un público femenino. En ocasiones contiene relaciones sexuales explícitas entre dos hombres, aunque no siempre (en esos casos en los que no hay sexo, en lugar de yaoi se prefiere usar el término shōnen-ai o "amor entre chicos"). De hecho, las historias que cuenta el yaoi suelen ser muy emocionales, lo cual lo acerca a otros géneros para lectoras femeninas como el shōjo y el josei. Mientras que el manga dirigido a un público masculino se centra en la acción, es decir, en los eventos que suceden y van configurando la trama, el manga para chicas (shōjo) o para mujeres adultas (josei) pone su foco de atención sobre la vida emocional de los personajes. Como cabe esperar, normalmente se trata de una vida emocional agitada, turbulenta y con cierta tendencia hacia al drama gratuito. Esto se intensifica cuando hay sexo por medio, dando lugar a relaciones retorcidas o incluso enfermizas que nada tienen que ver con las relaciones homosexuales reales. A veces me acerco al yaoi buscando ese componente dramático, que suele ser tan extremo y exagerado que me resulta hilarante. Otras, en cambio, busco yaoi porque quiero ver pornografía homosexual; para qué te voy a engañar.

Uno de los principales atractivos del yaoi es el morbo que genera. En Japón las relaciones homosexuales están muy mal vistas, por lo que se consideran algo prohibido, inmoral y hasta antinatural. Además, el tipo de relaciones que se muestran en este género no es precisamente el más sano, ya que lo más habitual es que uno de los miembros de la pareja adquiera un rol dominante mientras que el otro permanezca sumiso. Esto no se limita al sexo, sino que esa dinámica de dominancia-sumisión se extiende a todos los aspectos de la relación. De esta forma, para uno de los amantes el amor significa posesión, mientras que para el otro implica una subordinación voluntaria hacia el ser amado. No voy a poner en duda lo erótica que puede resultar esta dinámica durante las escenas de sexo, pero creo que todos coincidiremos en que eso no es amor... y, en caso de que lo fuese, no sería un amor sano. Por otro lado, teniendo en cuenta la importancia que se da en Japón a las tradiciones, el linaje y los ancestros, el yaoi supone un desafío al orden social establecido, en el sentido de que las parejas homosexuales no pueden tener hijos para continuar la línea familiar. Mi conocimiento de las tradiciones japonesas es bastante limitado, pero tengo entendido que el hecho de no tener descendencia se considera algo deshonroso no sólo para uno mismo, sino también para sus padres y familiares. Todo lo anterior configura una imagen terrible de la homosexualidad, por lo que no deja de ser sorprendente que se publiquen tantas historias tratando el tema, hasta el punto de configurar un subgénero propio.

Personalmente, el yaoi me fascina tanto como me repele. Soy consciente de que se trata de historias dirigidas hacia un público que nada tiene que ver conmigo, pero aún así sigo acudiendo a esos rincones oscuros de Internet que mencionaba antes con la esperanza de encontrar alguna historia en la que pueda verme representado. Siempre he leído manga de todo tipo, independientemente del tipo de público al que fuese dirigido. Es más, el manga para chicas suele resultarme mucho más atractivo que el manga para chicos. Sin embargo, me cuesta muchísimo conectar con el yaoi. Como hombre homosexual que soy, en teoría debería ser capaz de empatizar con las relaciones que muestran las autoras de este género, pero nada más lejos de la realidad. Su visión de la homosexualidad me parece sesgada e irreal, así que por muy excitantes que me resulten las escenas sexuales, no soy capaz de conectar con las emociones de los personajes. Por tanto, durante todo este tiempo leyendo yaoi me he preguntado qué es lo que fallaba dentro del género sin haber llegado a ninguna conclusión satisfactoria. Y sí, he seguido acudiendo a la red para que me proporcionase traducciones amateur de todos esos mangas oscuros que no suelen publicarse fuera del país nipón. No es una costumbre de la que me sienta orgulloso, especialmente en estos tiempos en los que por fin puedes acercarte a cualquier librería y encontrar ediciones españolas de diversos mangas de temática yaoi (o "boys love", como también suele denominarse), pero como apunté antes no siempre acudo en busca de historias emocionales. En ocasiones lo que me interesa sólo es el porno y por suerte hay gran variedad entre la que elegir. Si bien el yaoi ha sido tradicionalmente un género realizado por mujeres heterosexuales para mujeres heterosexuales, hace años que de él surgió una vertiente llamada bara (bara significa "músculo", lo cual ya lo dice todo) realizada por autores masculinos homosexuales y orientada hacia el público masculino homosexual. El bara es mucho más pornográfico, desde luego, y en él la vida emocional de los personajes no interesa al autor o es tan retorcida y enfermiza que te hace dudar sobre su salud mental.

Pero no nos desviemos y volvamos al yaoi. En base a todo lo anterior, mi postura respecto a este género ya debería haber quedado aclarada: me interesa el yaoi, pero no soy capaz de empatizar con las historias que me muestra. No conecto con esa dinámica de dominación-sumisión más allá del plano meramente sexual, así que por mucho que me gusten el morbo y el drama excesivo no puedo comprender las reacciones emocionales de los personajes. Finalmente, no me veo reflejado en esas historias, pese a que estén protagonizadas por hombres homosexuales como yo. Ahora bien, nunca he dejado de pensar que si seguía leyendo acabaría encontrando una historia dentro del yaoi con la que acabaría empatizando, aunque fuese por pura estadística. Y, efectivamente, al final ha acabado sucediendo, aunque no creía que la historia con la que más empatizaría iba a ser también la que más polémica e indignante me iba a resultar. La encontré hace unos días en uno de esos rincones oscuros de la red y dio lugar a un debate extraordinario entre desconocidos, que aportaron puntos de vista sinceros y constructivos sobre una historia que quizá no los merecía. Fue una situación inesperada y sorprendente, pues nadie espera entrar a una página donde se distribuye pornografía a tener un sesudo debate sobre la realidad de la vida homosexual en Japón, los prejuicios sociales, la visibilización del colectivo LGBT y la homofobia. Mi aportación a aquella situación tan inusual y admirable es este texto, en el que, tras esta larga introducción, quiero hablar sobre el causante de todo ese debate: un manga titulado Complex y firmado por una autora llamada Manda Ringo.


Complex se publicó entre 1996 y 2002 en la revista BExBOY Magazine, antes de ser recopilado en cuatro tomos. He intentado seguirle la pista a la autora, pese a sospechar que Manda Ringo no es su nombre real sino un seudónimo. No ha sido difícil encontrar una lista de su principales obras, la mayoría de ellas tan desconocidas que ni siquiera han sido traducidas por los fans. Manda Ringo ha trabajado como mangaka de forma casi ininterrumpida desde 1996, publicando tanto yaoi como josei. Por mencionar algunos títulos, dentro del yaoi es responsable de Gamen no Kokuhaku, Tengoku no Kado y Love Song, mientras que entre su producción josei encontramos Kimen no Kenkyuu, Irokoiyoku Otome y Be my Babe. Si algo tienen en común todos sus trabajos es que ninguno se aleja demasiado de la temática romántica. La mayoría aborda la vida cotidiana desde el prisma del romance, añadiendo un poco de drama y con un trasfondo humorístico en muchas ocasiones. El sexo suele aparecer en su trabajo, pero por lo visto suele tratarlo de forma ligera y con bastante humor, de la misma forma en que lo hace en Complex, por lo que colocar la etiqueta de pornografía a cualquier de sus mangas sería algo excesivo.

Teniendo esto en cuenta, ya podemos centrarnos en Complex, un manga que parte de una premisa muy sencilla y atractiva: se trata de un recorrido por la vida de dos chicos, Junichi y Tatsuya, desde la infancia hasta la vejez. La historia comienza cuando ambos tienen once años y empiezan a experimentar ciertas emociones que no son capaces de comprender. A partir de ese punto se desarrolla a lo largo de toda su vida, abarcando el final de la niñez, la adolescencia, la vida adulta y la vejez. Como es lógico suponer, pasan muchas cosas durante todo ese tiempo y la pareja afronta situaciones de lo más variopinto. A medida que pasan los años, Junichi y Tatsuya se acercan y se distancian, se pelean y se reconcilian, se aman entre ellos y aman a otras personas, ceden ante los prejuicios ajenos y se enfrentan a ellos... viven sus vidas, en definitiva, con sus inevitables altibajos, sus pequeñas alegrías y sus dramas cotidianos. No obstante, la autora ejerce de demiurgo perverso, acentuando esos dramas hasta convertirlos en tragedias dignas de una telenovela. No tengo nada en contra de ello, pues suelo disfrutar de esos dramas telenovelescos como el que más, pero algo que se puede criticar a esta historia es su marcada tendencia a forzar las situaciones dramáticas a base de casualidades y malentendidos difíciles de creer. Esto le resta bastante verosimilitud a una premisa que, por otro lado, funciona a la perfección: se percibe que hay una evolución en los dos protagonistas con el paso de los años, así como un proceso de maduración personal que les lleva a redescubrirse continuamente como individuos y como pareja.

Pero nada de lo anterior está presente en el primer capítulo, que es un auténtico disparate. Imagino que dicho capítulo se concibió como una historia autoconclusiva originalmente, aunque esa es una pobre justificación para uno de los arranques más desafortunados que me he encontrado en manga alguno. Recordemos que la historia arranca cuando los dos protagonistas cuentan con once años de edad. Sin embargo, la minoría de edad no tiene por qué ser impedimento para mostrar escenas de sexo explícito en el yaoi. Es más, existe todo un subgénero centrado en mostrar relaciones homosexuales con niños menores de edad, el llamado shotacon o simplemente shota (su equivalente heterosexual sería el lolicon o loli). No voy a entrar en el debate acerca de si es lícito o no que se muestren relaciones sexuales entre/con niños menores de edad en las historias de ficción. Baste con decir que no soy partidario de ningún tipo de censura y que no tengo problema con que exista todo tipo de ficción siempre y cuando permanezca dentro del terreno de lo ficticio, por muy incómoda o desagradable que me resulte. Ahora bien, comenzar el recorrido por las vidas de los dos protagonistas de Complex con una serie de escenas que sobrepasan los límites del shota me parece un error garrafal. Podría haberme resultado más o menos aceptable si la iniciación sexual de Junichi y Tatsuya se hubiese presentado como un proceso natural de curiosidad y descubrimiento corporal, pero no es eso lo que muestra la autora. En su lugar, el primer capítulo del manga muestra a uno de los profesores de ambos niños abusando sexualmente de ellos. No sólo la conducta del profesor es repugnante, sino que además la autora la presenta como si fuese algo excitante y se permite el lujo de teñirla de cierto humor macabro. Aquí entran de nuevo en juego las peculiaridades del yaoi, las relaciones de dominación-sumisión y la naturalidad con la que ese tipo de relaciones acaba derivando en violaciones. Se considera algo inherente al propio género y en ocasiones puede ser incluso excitante como fantasía sexual, aunque desde luego en este caso no lo es. Personalmente, encontré indignante lo que narra este primer capítulo, de ahí que lo considere un arranque tan desafortunado para una historia que desde el segundo capítulo en adelante trascurre por unos derroteros bien diferentes. Por tanto, casi prefiero ignorar lo que sucede en su arranque. La autora le da carpetazo a la situación del profesor nada más comenzar el segundo capítulo y más adelante hace que los personajes se refieran al abuso como un evento traumático y perjudicial, tratando de arreglar como puede esa forma tan desafortunada de presentar la situación en un primer momento.


Aún así, tratemos de ignorar este comienzo tan poco acertado en favor de todos los elementos positivos que ofrece el manga más adelante. Puede que a veces Complex se deje llegar por los peores clichés del yaoi, pero también sabe presentar situaciones muy auténticas y verosímiles. Mi gran duda es hasta qué punto esas situaciones se han construido en base a un conocimiento genuino de la vida homosexual y hasta qué punto son fruto de la casualidad, porque tras acabar la lectura me quedé con la impresión de que la autora no tenía muy claros algunos conceptos básicos sobre la homosexualidad. Sin embargo, ese desconocimiento resulta beneficioso para ciertas partes de la historia, en especial durante el segmento en el que los dos protagonistas llegan a la adolescencia y empiezan a sentir atracción sexual. En esos momentos iniciales de autodescubrimiento es relativamente frecuente sentir atracción hacia uno u otro sexo independientemente de la orientación sexual, lo cual se debe a la acción de las traviesas hormonas. De esta forma, un hombre heterosexual puede haber experimentado alguna forma de atracción sexual hacia otro hombre durante la adolescencia, sin que ello signifique que sea homosexual (o que un hombre homosexual se sienta atraído de forma puntual hacia una mujer, sin que eso implique que en realidad sea hetero). Durante esa etapa convulsa, Junichi se siente atraído por el sexo femenino aunque al mismo tiempo también siente atracción hacia su amigo Tatsuya. Así, el personaje se plantea ciertas preguntas que todo adolescente homosexual se ha planteado en alguna ocasión, llegando a explicaciones más o menos retorcidas para justificar su comportamiento sin tener que aceptar que se desvía de la norma social. Dicho en otras palabras: Junichi se llega a plantear que en realidad no le gustan los hombres, sino únicamente Tatsuya, por lo que no puede considerarse homosexual. Para mí esto es una forma de autoengaño muy familiar; una forma de rechazar la realidad de que la atracción que se experimenta hacia un compañero del mismo sexo no es una excepción extraordinaria, sino el primer ejemplo de una tendencia que no hará más que ir aumentando a media que se produce la madurez sexual. En ese sentido, vi reflejada mi propia confusión adolescente en la confusión que experimenta el personaje de Junichi.

Tatsuya, por su parte, experimenta una experiencia algo distinta. Tras haber pasado por un episodio de abuso sexual siendo niño, siente un rechazo casi absoluto hacia cualquier manifestación de la sexualidad y evita a toda costa a las mujeres. La única persona hacia la que experimenta una atracción genuina es Junichi, pero su amigo tiene el ojo puesto sobre el género femenino. Por tanto, Tatsuya acaba considerando que su atracción no es ni puede ser correspondida y, como consecuencia, empieza a experimentar una gran frustración. Llegados a determinado punto, esa frustración acaba manifestándose en rechazo, por lo que Tatsuya comienza a ignorar a su amigo y a distanciarse deliberadamente de él. Una vez más, esta es una situación que me resulta familiar. No fueron pocas las veces que me sentí atraído hacia una persona heterosexual durante mis años de adolescencia (o incluso durante la vida adulta), sabiendo que era imposible que esa atracción fuese correspondida de la forma que yo deseaba. En ese sentido, entiendo la frustración de Tatsuya tanto como entiendo la confusión de Junichi. Los capítulos que transcurren durante la adolescencia de la pareja me parecen apasionantes, precisamente porque transmiten bien la inquietud, el desconocimiento y la inestabilidad propias de una persona que está empezando a dar sus primeros pasos hacia la madurez, tanto sexual como emocional. De ahí mi frustración cuando el desconocimiento de la autora acerca de la experiencia homosexual hace que los capítulos que narran la vida adulta de los protagonistas estén tan sesgados y muestren una imagen tan negativa de la homosexualidad.

Una vez que Junichi y Tatsuya han mantenido relaciones sexuales y se han convertido en pareja, Manda Ringo utiliza siempre el mismo recurso para desestabilizar su relación e introducir drama en la historia: la aparición de un nuevo personaje que hace que uno de los dos personajes dude acerca de su amor hacia el otro. El aspirante a tercer vértice del triángulo amoroso puede ser un atractivo representante del sexo masculino o una adorable fémina, pero su papel en la historia siempre es el mismo. Su única labor es la de convertirse en un obstáculo que el amor entre Junichi y Tatsuya tendrá que superar, ya que después de todo Complex no deja de ser una historia romántica que persigue un final feliz. Durante la etapa adolescente puedo entender que la aparición de una chica pudiese tentar a alguno de los miembros de la pareja, pero una vez que los protagonistas se han convertido en adultos y han tenido una relación homosexual durante años, me resulta del todo imposible creer que puedan llegar a sentir un amor sincero hacia una mujer. Me refiero a un amor romántico, desde luego, ya que para mí (y esto puede ser discutido, faltaría más) la diferencia entre el amor fraternal que se experimenta hacia un amigo o un familiar y el amor romántico que se experimenta hacia una pareja es la presencia de deseo sexual. La expresión física de emociones puede darse en ambos tipos de amor, pero sólo se manifiesta de forma sexual en el amor romántico. El sexo sería entonces la expresión física última del amor, cúspide de una relación en la que no sólo se comparten emociones, sino también el propio cuerpo. Evidentemente, eso no impide que pueda existir el sexo sin amor, aunque eso ya sería otra cuestión. Pues bien, lo que sucede en Complex es que uno de los dos protagonistas, ya convertido en un hombre adulto que ha mantenido una relación homosexual durante años, se enamora de una mujer y experimenta hacia ello lo que la autora considera un hermoso amor romántico. Lo siento, pero esto es algo que sencillamente no puedo aceptar.

Soy consciente de que la sexualidad no está formada por categorías cerradas, sino más bien por un continuo situado entre los extremos de la homosexualidad y la heterosexualidad. Dicho continuo cuenta con infinidad de posturas intermedias, más o menos próximas a los extremos o situadas en el punto intermedio. Sin embargo, no creo que sea posible que esas posturas se modifiquen de forma radical una vez que se han establecido. Esto es, no creo que una persona homosexual pueda volverse heterosexual ni viceversa. Si los personajes de Complex hubiesen sido bisexuales no habría tenido ningún problema en aceptar el giro radical que sufre la historia cuando uno de los dos personajes masculinos se enamora de una mujer y se casa con ella, pero no es el caso. ¿Puede una persona homosexual experimentar amor romántico hacia una mujer? Teniendo en cuenta que para mí el deseo sexual es un componente del amor romántico, mi respuesta es no. Hay muchas razones por las cuales un hombre homosexual puede acabar estableciendo una relación con una mujer, pero el amor sincero no me parece una de ellas. Especialmente en Japón, donde es tan importante continuar con el legado familiar y honrar a los ancestros, puedo entender la tremenda presión social para contraer matrimonio, formar una familia y tener descendencia. No son pocas las veces que aparece este elemento de presión social en el manga de Manda Ringo y podría haber sido utilizado con muchísima más astucia. Si el objetivo era introducir un recurso dramático, el matrimonio de uno de los protagonistas podría haberse producido para contentar a los familiares o para guardar las apariencias y ocultar la relación homosexual. Pero no, la autora se empeña en justificar el matrimonio aludiendo al amor sincero. Es más, sospecho que para ella ese amor es tan puro y casto que el niño que acaba naciendo como fruto de la unión tuvo que ser concebido por arte de magia. Para más inri, la madre de la criatura se presenta en un primer momento como lesbiana, pero también por arte de magia acaba convirtiéndose en la perfecta e idílica ama de casa heterosexual tal y como mandan los cánones japoneses.


No olvidemos que la cultura japonesa es tremendamente machista, al igual que la nuestra. Quizá esas relaciones entre una figura dominante y una figura sumisa resulten extremas en el yaoi, pero no se diferencian demasiado de las relaciones heterosexuales en cualquier ficción procedente del país nipón. Tengo la impresión de que en Japón amor y sumisión son lo mismo, en el sentido de que amar a otra persona implica subordinarse voluntariamente a ella y sacrificarse para hacer que su vida sea feliz. Por eso la figura de la abnegada ama de casa que se pasa el día cocinando para recibir a su marido con la cena servida en la mesa y una sonrisa en la cara está tan presente en la cultura japonesa. La mayor manifestación de amor es servir al ser amado, hasta el punto de anularse a uno mismo en favor de dicho ser amado. Pues bien, esto no me parece amor, sino llana y simple servidumbre. También en occidente se considera que el sacrificio personal es la forma más elevada de amor, pero al menos la cultura occidental ha avanzado un poco en el terreno de los derechos de la mujer... o eso quiero pensar. Complex se vuelve descaradamente machista cuando cuando empieza a tocar estos temas, con ese personaje femenino que se sacrifica a sí mismo en favor de la felicidad de otra persona. Dicho personaje acaba entregándole un hijo a su amado y luego la autora se lo quita de encima de la forma más dramática y efectista posible, lo cual transmite el mensaje de que la mujer es poco más que una máquina de producir hijos y que, una vez cumplido ese objetivo, ya no aporta gran cosa. No hay nada más machista que una mujer ofreciendo semejante imagen de su género, pero Manda Ringo no tiene la culpa de haber crecido en una sociedad machista ni de haber asimilado esas ideas tan terribles. Nosotros tampoco tenemos la culpa de vivir en una sociedad machista y de haber asimilado muchos de sus principios, muy a nuestro pesar.

No hace mucho leía un artículo muy interesante sobre la concepción social de la homosexualidad en Japón. Por un lado, la homosexualidad masculina se considera algo reprobable y antinatural. Por otro, la homosexualidad femenina se tolera hasta cierto punto porque se considera algo pasajero y carente de importancia. No sé cuál de los dos percepciones me parece más peligrosa. Al parecer, se considera bastante normal que las jovencitas japonesas experimenten una cariño más intenso de lo habitual hacia sus compañeras de colegio o de instituto, pero eso no se acepta como una forma válida de amor. Se considera que es producto de la inexperiencia o de la inmadurez y se cree que es algo pasajero, que se desvanecerá con el tiempo. En especial, se cree que el matrimonio y la maternidad ponen un final definitivo a ese tipo de emociones tan socialmente inapropiadas. De ahí que Complex nos presente a una supuesta lesbiana que, tras el debido matrimonio y tras haber dado a luz a un niño, haya completado su trasformación en la perfecta mujer heterosexual que la sociedad esperaba que fuese. Una vez más, no quiero echar la culpa a la autora por transmitir estas ideas tan erróneas e indignantes, pero me queda claro que la pobre no tiene ni idea de lo que significa ser homosexual pese a ganarse la vida narrando historias de romance homosexual. Lo de este personaje es un despropósito, pero lo de su marido no se queda corto: un homosexual convencido que, gracias a las maravillas del matrimonio y de la paternidad, se transforma en un hombre heterosexual hecho y derecho. Si la historia hubiese acabado en este punto habría estado dispuesto a viajar a Japón con la intención de prender fuego a la editorial que publicó semejante despropósito, pero por suerte la cosa no acaba ahí.

La historia de amor entre Junichi y Tatsuya continúa adelante cuando el matrimonio ha terminado, iniciándose entonces un lento proceso de acercamiento y reconstrucción de la relación que antes mantenían en la que el niño producto de dicho matrimonio juega un importante papel. En cierto sentido, ambos protagonistas forman una nueva familia junto al niño, llamado Kenta. Esto me parecería mucho más bonito si ellos mismos hubiesen adoptado al niño en lugar de haber pasado por un matrimonio imposible de creer (y que la autora defiende en todo momento como producto del amor), pero no seguiré metiendo el dedo en la yaga. Lo interesante es que, pese a todos los obstáculos con los que han tenido que lidiar, Junichi y Tatsuya acaban retomando su relación, reforzándola y continuando su madurez juntos, adentrándose en la vejez como la pareja que siempre fueron. No puedo ocultar lo emocionante que me resultó llegar a este punto en la lectura, pues aquí es donde este manga juega sus mejores cartas. Ambos protagonistas se habían hecho daño el uno al otro, pero se perdonan. Ambos habían tomado caminos separados durante una etapa de sus vidas, pero deciden volver a caminar juntos y compartir su futuro. Y lo que es más importante: ambos habían ocultado su amor durante años, pero desde que retoman su vida juntos empiezan a ser mucho más abiertos y a mostrarse tal y como son, sin miedo a lo que los demás puedan decir sobre ellos. En determinado punto, los dos protagonistas viajan a unos baños termales y pasean de la mano y se abrazan ante las miradas sorprendidas e indignadas del resto de huéspedes. A esas alturas de su vida, han dejado de sentir la necesidad de esconderse y los prejuicios de la sociedad les resbalan. Por sí misma, esa escena justifica todo lo sucedido hasta ese momento, porque tras tanto drama y tanto sufrimiento se han ganado de sobra la felicidad.


Aún queda otro elemento que me ha resultado polémico en este manga, en el que cada aspecto que me parecía acertado venía siempre acompañado de otro que me resultaba indignante. En este caso, durante el tramo final de la historia, Junichi y Tatsuya empiezan a quedar en segundo plano mientras disfrutan de sus merecidos años dorados, desplazándose el protagonismo hacia el joven Kenta y su amigo Manabu. Estos dos niños recrean hasta cierto punto la situación presentada durante los primeros capítulos de Complex, con dos personajes que están llegando a la adolescencia y que empiezan a sentir unas emociones intensas que no acaban de comprender. Incluso estéticamente recuerdan a Junichi y Tatsuya cuando eran jóvenes, como si la historia fuese circular y estuviese comenzando un nuevo ciclo. Por desgracia, el desconocimiento y la visión prejuiciosa de la autora vuelven a darle un giro enervante a la historia. En ese momento, Junichi y Tatsuya empiezan a preocuparse de que Kenta siga sus pasos y "se vuelva" homosexual. Cualquiera diría que siendo una pareja homosexual que se ha encontrado en no pocas ocasiones con el rechazo de la sociedad, ellos serían los primeros en aceptar y apoyar a Kenta, fuese cual fuese su orientación sexual. Puedo entender que sienta temor ante la idea de que Kenta pase por las mismas situaciones dolorosas por las que pasaron ellos, pero me parece irreal que se preocupen por el hecho de que "se vuelva" homosexual y mantenga una relación con otro hombre que le impida casarse y tener hijos como indican las expectativas sociales. Una vez más, tras la ficción que dibuja la autora se intuye una realidad muy poco halagüeña para las personas homosexuales.

En cualquier caso, la autora muestra a Manabu como alguien abiertamente homosexual, mientras que juega con la posibilidad de que Kenta "se vuelva" homosexual y corresponda a su amigo. Puede que muchos aspectos de este manga me hayan resultado polémicos, pero ninguno tanto como éste. No es posible "volverse" homosexual. Punto. Como decía antes, puedo entender cierta confusión durante la adolescencia, cuando el cóctel hormonal y la inmadurez emocional juegan en nuestra contra. Sin embargo, esta confusión encuentra su límite en la exploración y el autodescubrimiento. La llegada de las primeras experiencias sexuales y la incipiente madurez emocional acaban haciendo que cada uno acepte una orientación sexual que le viene dada desde el momento de su nacimiento. No voy a disertar ahora acerca de las causas de la homosexualidad, pero estoy convencido de que la presencia de factores genéticos, prenatales y perinatales juega un papel importante. Por tanto, la orientación sexual de cada uno está decidida desde el momento del nacimiento, aunque no se manifieste hasta que comienza la adolescencia y llega la madurez sexual. Por este motivo un hombre heterosexual no puede "volverse" homosexual. Tampoco un hombre homosexual puede "volverse" hetero... e insinuar lo contrario es incluso peligroso, pues no han sido pocas las supuestas curas de la homosexualidad que han acabado generando gran sufrimiento. La homosexualidad no tiene cura porque no necesita cura, ya que no es más que una condición humana tan natural como cualquier otra. De esta forma, cuando Manda Ringo plantea la posibilidad de que el personaje de Kenta pueda "volverse" homosexual está poniendo en evidencia su desconocimiento de la realidad homosexual. Las implicaciones de semejante idea pueden ser incluso dañinas, porque si un hetero puede volverse homosexual, entonces el proceso inverso podría también ser posible. Así es como se acaba llegando a la idea de que es preferible no relacionarse con personas homosexuales, ya que lo suyo podía ser "contagioso". O peor aún: a la idea de que unas cuantas descargas eléctricas en los genitales pueden "curar" la homosexualidad, devolviendo al redil a los descarriados.

La relación entre Kenta y Manabu puede ser un hueso duro de roer durante la lectura de este manga, especialmente porque resulta inverosímil que Junichi y Tatsuya, que ya pasaron por ese punto años atrás, sean incapaces de ofrecerles un consejo coherente. Sin embargo, la resolución de este nuevo drama no me resultó del todo insatisfactoria. Pasan lo años y los dos niños van creciendo, se convierten en adolescentes y finalmente en adultos. Así, la relación entre ellos, que al principio parece una réplica de la que mantuvieron Junichi y Tatsuya, empieza a discurrir de forma distinta y lo que parecía un romance acaba quedándose en simple amistad. Eso no quiere decir que uno de los implicados no estuviese enamorado, pero puesto que el otro no puede corresponderle es él quien decide poner fin a una relación que ya no les deja avanzar. Esto es, en mi opinión, lo que acaba salvando esta trama: el hecho de que un personaje homosexual acabe aceptando que su amor nunca será correspondido y poniendo fin a una relación que sabe que nunca satisfará a ninguna de las partes. Para su sorpresa (y la mía propia como lector), esta decisión es comprendida y aceptada, pero sin que ello impida seguir manteniendo una relación de amistad cordial y cercana. Para mí esta resolución es un objetivo ideal, pues cuando me he encontrado en situaciones similares nunca he conseguido mantener la amistad, sino que he preferido enterrar toda la relación y no volver a acercarme a la persona implicada. Contemplar la alternativa es algo positivo, aunque el camino que conduce hasta ella me haya resultado difícil de tragar.

Creo que la autora está convencida de que la amistad y el amor son dos posibilidades igualmente probables en toda relación y que, independientemente del género de los miembros de la pareja, unas relaciones se decantan hacia el lado de la amistad y otras hacia el del amor. En Complex, Kenta y Manabu acaban siendo amigos mientras que Junichi y Tatsuya se convierten en amantes. A mí esta concepción de las relaciones humanas, por muy bonita que sea, me resulta demasiado simple e inmadura. Creo que ignora el componente sexual, así como el hecho de que la orientación sexual no es algo que pueda elegirse de forma voluntaria. Sin embargo, tengo claro que esta visión no es exclusiva de Manda Ringo. El propio género del yaoi ha coqueteado con esta manera de representar las relaciones humanas desde siempre, de ahí que los romances entre chicos de instituto sean su recurso más popular. Lejos está de mi intención acusar a la autora o al género que ha cultivado, pero me parece relevante sacar a relucir su estrechez de miras. Al igual que yo mismo, muchos hombres homosexuales acudirán al yaoi buscando leer historias en las que sentirse representados y lo que se van a encontrar dista bastante de una imagen positiva y realista de la homosexualidad. Muchas de estas ficciones cargan con ideas erróneas, producto del desconocimiento o de los prejuicios; ideas que pueden resultar dañinas. Japón puede ser un país homófobo y machista, pero en occidente tampoco nos libramos de la homofobia y el machismo. Debemos estar alerta para detectar cuándo esa homofobia y ese machismo que están instaurados en nuestra sociedad se filtran hasta nuestros productos culturales. Por eso es importante que mantengamos un pensamiento crítico que nos permita analizar el tipo de cultura que consumimos.


Probablemente esta reflexión haya querido ir demasiado lejos. Después de todo, Complex no es más que un manga semidesconocido que conjuga unos cuantos aciertos con un buen montón de elementos cuestionables y polémicos. Su intención es la de entretener a su público, no la de reflejar o reivindicar una determinada realidad social. No creo que Manda Ringo pensase que alguien fuese a realizar un análisis temático tan concienzudo de esta historia, ya que en última instancia no es más que una obra más dentro de su carrera y puede que incluso una obra menor. Sin embargo, yo no creo que existan las obras menores porque no creo que existan distintos niveles dentro de la cultura. No creo que haya que diferenciar entre la alta y la baja cultura, por lo que cualquier producto perteneciente a la cultura popular tiene potencial para ser analizado como se analiza cualquier clásico de la literatura o del cine. La cultura popular es cultura y hasta un género tan denostado como el yaoi debe ser considerado cultura. En mi caso, la lectura de Complex no sólo me ha resultado entretenida, sino también enriquecedora: me ha hecho reflexionar y debatir acerca de las ideas que transmite y de la realidad que hay tras dichas ideas, lo cual es siempre beneficioso y conlleva un aprendizaje valioso.

No debería extrañarte, por tanto, que al llegar al final del último tomo sintiese una fuerte implicación emocional hacia los personajes. Había pensado tanto sobre ellos, sobre sus aventuras y desventuras, sobre sus amores y desamores, que me habían aportado mucho a nivel personal. Teniendo en cuenta que había visto crecer y madurar a Junichi y a Tatsuya a lo largo de los años, era evidente que la historia sólo podía acabar de una forma. Para ser concretos, de la forma en la que acaban todas las historias si las alargas lo suficiente en el tiempo. El último capítulo del manga es emotivo hasta cotas asombrosas y se percibe el sentimiento que vertió la autora sobre él tras varios años trabajando con esos personajes. Complex me despertó una fuerte respuesta emocional en varias ocasiones y no siempre fue una respuesta emocional positiva, ya que más de una vez acabé un capítulo enfadado y escandalizado. En cambio, el último capítulo me transmitió una enorme sensación de paz; una certeza ineludible de que el viaje había valido la pena y de que todo había terminado de la mejor forma posible para esa pareja de cuya vida había sido testigo.

Pero no nos engañemos: hay que hacer un esfuerzo voluntario para encontrar la trascendencia en este manga. Se trata de un producto sin pretensiones, insisto, con el único objetivo de entretener. Un vistazo superficial pondrá en evidencia sus dramas gratuitos y telenovelescos, su concepción no siempre acertada de la homosexualidad y la simplicidad de sus personajes, que nunca se alejan demasiado de los estereotipos habituales en el yaoi. Sin embargo, es posible encontrar ese mensaje trascendente entre sus páginas si lo buscas. No es necesario ser homosexual ni un consumado lector de yaoi para hallar dicho mensaje, sino que basta con leer con la mente abierta y reflexionar con un cierto espíritu crítico, siempre tratando de ser constructivo en lugar de destructivo. El envoltorio sin duda contribuye a hacerlo, ya que Manda Ringo tiene un estilo amable muy en la línea del tipo de manga que se hizo popular durante la década de los 90 (baste mencionar las obras de CLAMP, Rumiko Takahashi o Masakazu Katsura). El humor ligero prima sobre el drama, estando siempre presente el componente de slice of life, de la vida cotidiana de los personajes. Por tanto, la lectura de este manga siempre es fácil, accesible y agradable. El estilo gráfico y los recursos visuales tan propios del manga para chicas tienen sus detractores, pero a mí me resultan atractivos. Además, la autora experimenta una notable evolución que se evidencia en el nivel de detalle de las páginas. En definitiva, que es un manga que invita a ser leído y cuya lectura es fácil de disfrutar. A partir de ese punto queda en manos del lector el hecho de digerir la lectura y reflexionar sobre ella para alcanzar sus propias conclusiones, si lo desea.

Aunque el párrafo anterior pueda indicar los contrario, no pienso acabar este texto recomendando la lectura de Complex. No me sentiría cómodo recomendando un manga que me ha resultado problemático a tantos niveles, pese a que no niego haberlo disfrutado y haberme emocionado mientras lo leía. He intentado comentar los aspectos que me han parecido más problemáticos, por supuesto, pero aún así me han quedado otros en el tintero. No he hablado, por ejemplo, de la forma en la que la autora utiliza situaciones que me parecen vergonzosamente homófobas como gags cómicos, aunque podría haberlo hecho. Y las escenas de sexo... bueno, digamos que están lejos de plasmar la realidad del sexo gay. Lo que quiero decir con todo esto que no sabría juzgar si Complex es un buen manga o de un mal manga y, de hecho, el objetivo de este artículo nunca ha sido reflexionar sobre su calidad sino sobre su contenido. Necesitaba poner por escrito algunas de las cavilaciones que me han pasado por la cabeza estos días desde que me encontré con esta obra de Manda Ringo en un rincón oscuro de la red. En aquel soporte tan inusual se produjo un debate sorprendente y esperanzador entre un grupo de desconocidos que se puso a analizar una historia que bien podría haber pasado desapercibida en cualquier otro lugar. Esta es mi aportación a aquel acontecimiento tan extraño, así como una buena muestra del impacto que ha tenido sobre mí la lectura de esta obra. La he disfrutado, me he implicado emocionalmente en ella, me he indignado con ella, me he escandalizado con ella, he dedicado horas y horas a reflexionar sobre ella y, como consecuencia, creo que ahora tengo una perspectiva mucho más rica y compleja que antes. En conclusión, Complex ha supuesto una experiencia enriquecedora para mí. Menuda hazaña para una obra tan desconocida y fácil de menospreciar. Menudo triunfo para un producto de la subcultura y un exponente de un género que tiene más presencia en las páginas de pornografía que en las librerías. Debería darle las gracias a Manda Ringo: quizá no de la forma que ella esperaba, pero su trabajo ha acabado cambiando una vida. Habrá otras historias mejores o peores, otras historias más o menos cercanas a la realidad, pero esta historia en concreto no la voy a olvidar.


2 comentarios:

  1. Interesante, podría darle una oportunidad y leer la historia al menos hasta el periodo adolescente... salteándome el comienzo, claro, no puedo soportar el shota xD
    Debo confesar que entre mis rincones oscuros del Internet también hay muchas páginas de yaoi, pero no puedo decir que me guste el género, más bien estoy empeñada en encontrar obras que reflejen de forma más realista (o al menos no enfermiza) una relación homosexual.
    Cuando señalabas tantos altos y bajos durante la lectura no pude evitar recordar un manga que tuvo tantas cosas que me encantaron como enervaron: Haru wo Daiteita.
    Trata sobre un par de actores porno, ambos hombres, que daban el salto a la gran pantalla gracias a un hit homoerótico que era llevado al cine. El manga seguía su relación, sus carreras, evolución personal a lo largo de varios años... y el primer tomo era un abuso de situaciones himpaktantez una tras otra. Luego del nefasto primer tomo (que aconsejo olvidarlo) ya se encuentran como una pareja consolidada y viviendo juntos.
    Creo que lo que recuerdo con más cariño de la historia es: 1)El final, no quiero arruinarlo, pero es muy motivador; 2) la filmación de un drama histórico en el que actúan juntos y uno de ellos se juega la carrera por renunciar a todos sus trabajos para poder realizarlo (tiene ova :D) y; 3) Un capítulo tonto y breve en que volvían después de vacacionar a su hogar y descubrían que les habían robado.
    El más conservador y cerrado de la pareja comenzaba a tener ansiedad luego del siniestro, porque sentía que se había violado su privacidad y que la casa ya no era segura, y a la par se enojaba con su pareja porque pasaba mucho tiempo fuera de casa (y él ya no se sentía seguro solo en ella).
    Lo que amaba de ese cap es que las personalidades de ambos ya estaban perfectamente perfiladas a esa altura de la historia y podías entenderlos a la perfección, y aun más, veías como por sus diferencias eran una buena pareja. Todo el tiempo en que uno estaba solo y preocupado en casa, el otro estaba redoblando sus horas en el gimnasio, porque su reacción defensiva al ultraje era querer ser más fuerte, para poder proteger a ambos si una nueva intrusión ocurría. Al cabo de un tiempo discutían, así descubrían lo que el otro sentía, y cambiaban su actitud por consideración al otro, la ajustaban (y tenían sexo en nuevas posiciones jamas hechas porque de algo tenían que servir las horas dobles de gimnasio, ¿No? jajajjaja)
    (El 90% de los mangas yaoi que empiezo los elijo por el dibujo... soy débil ante: dibujos más masculinos que femeninos, de estilo más antiguo que nuevo, o en su defecto estilo realista)
    Otros puntos fuertes de la historia era la importancia que le daba cada uno a su carrera, y los arcos dedicados a la relación de cada uno con sus familias (draaama del bueno en el caso del más conservador).
    ...Suficiente parloteo sobre Haru wo Daiteita. Si ya lo conocías, me encantaría leer tu opinión :D
    Otras obras que me entusiasmaron mucho en el último tiempo y que podrías conocer son:
    *19 days (their story tmb)/ humor coreano tras tanto manga japones es refrescante.
    *10 dance / manga deportivo y Yaoi (muuuy slow burn) sobre baile de salón competitivo al que llegué gracias a comparaciones con;
    *Yuri on Ice / dudo que necesite descripción.
    *Doukyuusei / Película hermosa de una hora con fondos hechos en acuarela :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu extenso comentario, Clara. Veo que tenemos algunas cosas en común, como el hecho de que buscamos una obra que refleje de forma realista una relación homosexual. El yaoi tiene una forma peculiar de representar estas relaciones y muchas veces me da la impresión de que la autora (o el autor, en algunos casos) no tiene ni idea de lo que está hablando. Sin embargo, algunas obras tienen momentos muy auténticos y por verlos merece la pena seguir dándole una oportunidad a este género. Lo cierto es que yo también suelo dejarme guiar por el dibujo, en especial el que tiene un estilo antiguo. Esa fue la razón que me llevó a echarle un vistazo a Complex en primer lugar. Y sí, aunque me haya dejado una sensación un tanto agridulce, este manga tiene algunos momentos muy disfrutables.

      De las obras que mencionas, tengo que decir que no conozco Haru wo Daiteita, pero todo lo que has comentado sobre ella me ha parecido interesante. La buscaré, porque sospecho que puede gustarme mucho :)

      De las otras que mencionas, conozco 10 Dance y Yuri on Ice. Precisamente estoy leyendo ahora mismo 10 Dance y me está gustando mucho. La dinámica entre los dos bailarines me encanta y la forma en la que se usa el baile para mostrar sus distintas personalidades me parece muy inteligente. Y qué decir sobre Yuri on Ice, que ha sido uno de los mejores animes de esta temporada, con una animación espectacular y con una de las mejores y más entrañables parejas homosexuales que recuerdo. Para mí la combinación de manga deportivo e historia yaoi es siempre una combinación ganadora. Tenía intención de escribir sobre 10 Dance o sobre Yuri on Ice en el blog más adelante, cuando tenga tiempo y me sienta inspirado ;)

      Tomo nota de tus otras recomendaciones. Las buscaré y las añadiré a la lista de cosas pendientes. Siempre está bien descubrir nuevas obras dentro de este género. ¡Un saludo!

      Eliminar

Los comentarios serán moderados antes de ser publicados.