17 de diciembre de 2016

[Cine] Crítica de Rogue One: Una historia de Star Wars


Advertencia: este artículo asume que has visto Rogue One.

No me considero un fanático de Star Wars, aunque la franquicia espacial concebida por George Lucas siempre me ha interesado. Si bien sólo unos pocos me apasionan, al menos recibo con curiosidad todos los productos ambientados en esa galaxia muy, muy lejana que muchos descubrimos siendo niños. Aún así diría que este es un muy buen momento para interesarse por Star Wars, pues el nivel que están teniendo los distintos productos derivados es bastante alto, entre los cómics publicados por Marvel, la serie de animación de Star Wars Rebels y las novelas como Star Wars: Consecuencias o Estrellas Perdidas. Sin embargo, las películas siguen siendo el producto estrella, así como el principal gancho para mantener al público vinculado a la franquicia y consumiendo todo lo que ésta le ofrece. Desde que Disney se hizo con la propiedad intelectual podíamos sospechar que la producción de películas sería constante y que, más allá de continuar la historia principal con una nueva trilogía, pronto empezarían a llegar diversos spin-offs. Disney había demostrado su buen hacer gestionando la versión cinematográfica del Universo Marvel, por lo que sentía una especial curiosidad por comprobar si su modelo de producción encajaba igual de bien con Star Wars. Pues bien, a juzgar por lo visto en este primer spin-off, Rogue One, parece que Disney sabe lo que está haciendo. Con esto no quiero decir que la película sea perfecta, pero desde luego ha satisfecho todas mis expectativas.

Ahora que ya se ha estrenado, durante los próximos días vamos a ser bombardeados sin piedad por infinidad de críticas que aseguran que Rogue One es la mejor película de Star Wars desde El Imperio Contraataca. Puede que la gran mayoría de estas críticas sean puro marketing, pero hay algo de cierto en ellas. La sensación que me ha dejado Rogue One al salir de la sala de cine es similar a la que experimenté hace ya un buen montón de años viendo El Imperio Contraataca por primera vez y creo que esto se debe a las similitudes tonales entre ambas películas. El Episodio V siempre ha sido mi película favorita de la saga de Lucas y he dedicado mucho tiempo a reflexionar sobre los motivos que me llevan a colocarla por encima de las demás. Entre esos motivos tengo claro que el principal es el tono derrotista de la historia. Mientras en Una Nueva Esperanza veíamos cómo un puñado de cazas eran capaces de destruir la estación espacial más poderosa jamás concebida, en El Imperio Contraataca las fuerzas rebeldes siempre eran superadas en fuerza y número, teniendo que huir constantemente para poder sobrevivir. En esta película se percibía que la posibilidad de ser derrotados era muy real y que las consecuencias podían ser terribles. Después de todo, se trata de la película en la que Luke pierde la mano tras ser derrotado por Vader. Ninguna otra entrega de la saga ha logrado transmitirme esa misma sensación de opresión, esa certeza de que la victoria es muy improbable y ese temor a que los personajes no salgan bien parados de sus aventuras. No obstante, Rogue One ha conseguido transmitirme todo eso y además ha convertido esas sensaciones en hechos: en este spin-off los rebeldes logran alcanzar la victoria, pero a un precio tan alto que hubiese sido inconcebible en la trilogía original.

Otro de los aspectos en el que están haciendo hincapié las críticas sobre Rogue One tiene que ver con su naturaleza de película bélica, más que de película de aventuras especiales. Se habla mucho del interesante relato que hace Rogue One de una galaxia en guerra y de cómo es la vida en las trincheras de una batalla, pero esto no es especialmente novedoso. Toda la franquicia ha girado siempre en torno a la guerra, al fin y al cabo. En mi opinión, la gran aportación de Rogue One en este sentido es que por una vez esta guerra se percibe como una guerra real, no como el conflicto simple y maníqueo de una película ligera de aventuras. Si pensamos durante un instante en cómo ha presentado tradicionalmente Star Wars a los dos bandos enfrentados nos daremos cuenta de que su conflicto es, sobre todo, un conflicto moral: el Imperio es malvado por naturaleza mientras que los rebeldes son bondadosos y luchan por la libertad y la justicia. La franquicia nunca ha mostrado un gran interés en justificar las complejidades de ambos bandos en el cine, presentando a unos buenos muy buenos enfrentados a unos malos muy malos. Por eso, por mucho que se mostrasen espectaculares batallas multitudinarias, la guerra parecía un juego de niños. Los soldados imperiales eran casi una broma con patas, eran malos y eran torpes, así que a ningún espectador se le ocurría cuestionar los actos de los rebeldes cuando los hacían volar por los aires, En otras palabras, la guerra de Star Wars era una guerra para niños, en la que nadie dudaba de que los buenos tuviesen el derecho de matar a los malos porque... bueno, porque eran los malos y seguro que se lo merecían. Así no es como funciona la guerra real.


En el mundo real los conflictos bélicos tienen poco que ver con los conceptos del bien y el mal. La guerra se produce la mayoría de las veces por motivos políticos o económicos y los bandos participantes suelen realizar acciones cuestionables que se consideran criminales fuera del marco del enfrentamiento. En una guerra real no hay "buenos" ni "malos", sino personas obligadas a cometer actos atroces por causas que están mucho más allá de ellos mismos. Los soldados, sean del bando que sean, tienen que obedecer órdenes que muchas veces no comprenden ni comparten. No todos participan en la guerra por los mismos motivos ni tienen el mismo nivel de convicción en sus principios, porque son personas y las personas no son "buenas" o "malas", sino que viven desplazándose por el continuo que hay entre ambos extremos. Pero por primera vez dentro de la saga, Rogue One me ha hecho creer que los soldados de esta guerra eran personas: no todos los "buenos" eran héroes ni todos los "malos" eran villanos depravados. De hecho, uno de los protagonistas de esta película es alguien capaz de matar a sangre fría para proteger a la rebelión de la que forma parte y eso ya se aleja bastante de los héroes de impecable moralidad de Lucas. El único personaje que se permitía jugar dentro de la gama de grises en la saga original era el canalla de Han Solo, pero incluso él acababa creyendo en las moralinas de sus compañeros. En cambio, los personajes de Rogue One son bastante más ambiguos. Quizá no tanto como los protagonistas de cualquier drama bélico que quiera representar una guerra con veracidad, pero yo lo considero un cambio muy refrescante para la franquicia.

Aquí es donde la película trata de hacer equilibrios para ajustar su premisa a la mayor audiencia posible, lo cual incluye a los niños. Hay cierto interés por hacer que las acciones de los personajes sean cuestionables, pero hacia el final todos acaban cayendo en los típicos clichés del heroísmo idealista. En esta película podemos ver a los líderes rebeldes ordenando el asesinato de un hombre inocente que trabaja para el Imperio, cosa que no podría haber sucedido en la trilogía original porque los "buenos" no podían hacer esas cosas. De hecho, no había necesidad de hacer esas cosas porque en el otro bando todos eran "malos". Ni siquiera existía la posibilidad de que hubiese alguien entre los imperiales que estuviese siendo coaccionado u obligado de alguna forma. Pero supongo que las audiencias mandan y al final el grupo de personajes que protagonizan la trama de Rogue One acaba dejando atrás esa moralidad cuestionable y abrazando un heroísmo más o menos convencional. Personalmente me habría gustado que se hubiese explorado más esa idea de un grupo de rebeldes que usan métodos moralmente cuestionables por el bien mayor, pero supongo que eso no es lo que esperaría el público que acude al cine a ver una película de Star Wars. Al fin y al cabo, Star Wars siempre ha ofrecido aventuras ligeras con la lucha entre el bien y el mal de fondo; nada más.

Lo que importa es que la película ofrece una imagen bastante más compleja de lo que supone la guerra y es una imagen bastante desalentadora: los rebeldes están en clara desventaja y caen como moscas ante la imparable maquinaria imperial. El espectador tiene claro que se trata de una batalla desesperada y que la victoria sólo puede lograrse a un coste altísimo. En efecto, los protagonistas de Rogue One acaban entregando su vida por la rebelión y su pequeña victoria sólo sirve para que otros tengan la posibilidad de seguir luchando en su lugar. Creo que este es el final más previsible para una precuela protagonizada por nuevos personajes que luego nunca son mencionados en las siguientes películas, pero no por ello funciona peor. Para mí era sin duda el mejor final posible para esta historia y lo único que lamento es que la película es bastante corta y el tiempo que dedica a presentar y a profundizar en esos personajes antes de su final se me antoja un tanto escaso. Todos los personajes principales me parecen atractivos, pero la acción transcurre con tanta velocidad que apenas hay tiempo para conocerlos. Todos juegan su papel en la trama, pero su reunión es algo forzada y su evolución es tan rápida que cuesta creerla. En especial diría que la protagonista, Jyn Erso, pasa de ser una superviviente amargada a una auténtica creyente en los ideales de la Rebelión con tanta rapidez que resulta algo artificial; algo producto de las exigencias del guión más que de un desarrollo fluido del personaje. Y pese a todo tengo que confesar que tanto su muerte como la de sus compañeros consiguió emocionarme.


La película insiste en que el sacrificio de esta escuadra formada por parias y marginados que decide actuar cuando los líderes rebeldes se lo han prohibido es lo que otorga esperanza a la galaxia. Son ellos los que consiguen robar los planos de la Estrella de la Muerte, permitiendo así que más adelante Luke pueda destruirla en el Episodio IV. Sin embargo, a mí está visión me parece demasiado melosa y, de hecho, conecté mucho mejor con algo que dice Cassian Andor antes de embarcarse en la que será su última misión: tanto sus hombres como él han llevado a cabo actos terribles por la Rebelión y si se rindiesen en ese momento todos esos actos no habrían servido para nada. Todos son conscientes de que tienen las manos manchadas de sangre, pero confían en que sus crímenes permitan que aquellos que vengan detrás se encuentren con una galaxia mejor, en la que ya no sea necesario derramar más sangre y en la que los ideales puedan brillar de nuevo. Por supuesto que la guerra continuará cuando ellos hayan muerto, pero al menos habrán conseguido que sus vidas tengan un significado al luchar por una redención que en el fondo saben que no merecen. Esta idea tan bella y tan triste me emociona infinitamente más que todas esas menciones a la esperanza que tienen más de juego de palabras con el título del Episodio IV que de mensaje filosófico.  

Otro aspecto importante que debería destacarse al hablar de Rogue One es que se trata de la película de Star Wars más diversa que se ha hecho hasta ahora y aquí se nota la mano de Disney, siempre atenta a expandir sus franquicias para que lleguen al mayor público posible. Al igual que El Despertar de la Fuerza, Rogue One tiene a una mujer como personaje central, lo cual ya me parece algo digno de elogio, pero además su reparto reúne actores afroamericanos, latinos y asiáticos. Teniendo en cuenta las críticas que se llevó el Episodio VII por poner a una mujer en el rol protagonista y por haber "forzado" la diversidad, me parece que Disney ha realizado una clara declaración de intenciones con Rogue One: ahora Star Wars es esto y, si no te gusta, ya sabes dónde está la puerta. Sólo por eso la película ya se merece todos los aplausos posibles.

De hecho, pese a la rapidez con la que se suceden los acontecimientos y el apresurado desarrollo de estos personajes, el grupo de protagonistas de Rogue One ya es uno de mis favoritos de toda la franquicia. Y sí, el hecho de que sea el grupo más diverso ha tenido mucho que ver en ello. Yo me crié desde niño con la tripulación original de Star Trek y con los tebeos de la Patrulla X de Chris Claremont, dos franquicias muy distintas pero con un mismo interés en mostrar a un grupo de personajes multirracial y multinacional. Ambas transmitían unos elevados ideales, pero no sólo de palabra sino también con el ejemplo. En otras palabras, no sirve de nada defender la igualdad y la justicia si no se practican. Star Wars siempre ha hablado sobre la lucha por la libertad de los rebeldes oprimidos por el malvado Imperio, pero la presencia de mujeres o minorías étnicas entre las filas de la Rebelión era casi inexistente. Por supuesto que estaba la Princesa Leia, pero ella no empuñaba un sable láser ni pilotaba un Ala-X a través de las trincheras de la Estrella de la Muerte. Ahora al fin eso ha cambiado: el Episodio VII tiene a Rey esgrimiendo su sable láser y Rogue One, además de tener a una mujer dirigiendo a una escuadra en la que es posiblemente la misión más importante de la historia de la Rebelión hasta ese momento, tiene a un grupo rebelde que transmite la impresión de que todos tienen cabida en esta lucha por la libertad independientemente de su origen o del color de su piel. Yo personalmente he disfrutado con locura de los actores asiáticos (Donnie Yen como el monje ciego Chirrut Îmwe y Jiang Wen como el artillero Baze Malbus), pero me ha alegrado ver también a un actor latino (Diego Luna en el papel de Cassian Andor) y a un actor que, pese a ser británico, tiene raíces islámicas (Riz Ahmed como el piloto Bodhi Rook). Rogue One dice alto y claro que, ahora sí, esta Rebelión es la Rebelión de todos.


Quizá haya sido una consecuencia involuntaria, pero el hecho de enfrentar a este grupo tan diverso a la homogénea imagen del Imperio, cuya estética nunca ha ocultado sus referentes fascistas, tiene ahora unas connotaciones que me resultan muy interesantes. El Imperio pretende cortar toda la galaxia siguiendo su patrón, esclavizando o eliminando a todos aquellos que no encajen en sus planes o que no compartan su visión. Básicamente, el Imperio elimina a todo aquello que es diferente, que no encaja dentro de los estrechos cánones imperiales. Por eso es importante que aquellos que se alcen contra esta amenaza sean el ejemplo viviente de toda esa diversidad que el Imperio pretende oprimir o erradicar. Pero claro, por mucho que quieras creer en esa lucha, si no te ves representado en los personajes que la llevan a cabo no puedes considerar que sea "tu" lucha. Creo que Rogue One es la primera película de Star Wars en la que de verdad he sentido como míos los ideales de la Rebelión y esto no es poca cosa. Esto es así porque me he visto representado en estos personajes más que en ningún otro de la franquicia: estos son los parias, los rechazados, los despojos. Son aquellos que son distintos, que no tienen cabida en el universo que concibe el Imperio. Que me aspen si esto no refleja el sentir del día a día de cualquier miembro de una minoría social enfrentada a la presión del resto de la sociedad. Ya sólo falta que el Episodio VIII saque a Poe Dameron del armario para que Star Wars se convierta en aquello que yo siempre quise ver.

Pero volviendo al bando imperial, no querría acabar este comentario sin mencionar lo interesante que me ha resultado el villano de esta película: el Director Krennic, interpretado por Ben Mendelsohn. Simpatizo con bastante facilidad con este tipo de personajes obsesionados con demostrar la valía de su trabajo para así demostrar también su propia valía. Un vistazo superficial nos hará ver a Krennic como el típico oficial imperial que quiere medrar en la jerarquía y aumentar su poder e influencia, pero un análisis más concienzudo nos revelará a una persona que duda de sí misma y de su capacidad. No estoy seguro de que este personaje crea en realidad en la causa del Imperio. Más bien me da la impresión de que su única motivación es demostrar a toda la galaxia que es capaz de llevar a cabo una empresa tan ambiciosa que ha consumido toda su vida. No creo que ansíe el poder por el poder mismo, sino porque el poder probaría que tenía razón, que construir un arma tan impensable como la Estrella de la Muerte era posible y que él y sólo él se merece el mérito por haberlo logrado. Por eso la principal amenaza de Krennic en Rogue One no proviene de Jyn Erso y sus rebeldes, sino del propio Imperio que le arrebata el control de su preciada obra. Dicho lo cual, la muerte de Krennic me parece la más apropiada posible, pues tiene la ocasión de experimentar en su propia persona el poder del arma a la que había dedicado tantos esfuerzos. Es justicia poética, además de una ironía deliciosa.


Me doy cuenta de que ya llevo un texto considerable y apenas he hablado de la película en sí. Supongo que no quiero recalcar lo obvio que otras críticas habrán mencionado hasta la saciedad. La película es muy buena, eso me parece indiscutible. Es dinámica y entretenida, ofreciendo un buen equilibrio entre acción, humor y drama. Su conclusión es algo más dramática de lo habitual, pero tiene todo lo que se espera de una película de la saga. En especial las escenas de acción, incluyendo tanto las batallas en tierra como las escaramuzas espaciales, están entre las mejores que ha ofrecido Star Wars hasta la fecha. Es justo lo que se esperaba de Rogue One, así que en ese sentido la película no me ha sorprendido demasiado.

Sí me ha sorprendido, en cambio, la banda sonora. Esta era la primera vez en la que John Williams no se encargaba de componer la música de una película de la saga, así que había cierta inquietud al respecto. Personalmente, yo encontré a Williams bastante menos inspirado de lo habitual en la banda sonora de El Despertar de la Fuerza, así que tenía muchas ganas de comprobar qué podía ofrecer Michael Giacchino. El trabajo de este compositor en la banda sonora de Doctor Strange me había encantado y, pese al poco tiempo que tuvo para componer la música de Rogue One, su trabajo me ha resultado muy satisfactorio. Hay algo juguetón en la banda sonora de Rogue One, una cierta complicidad que lleva a engañar al espectador con ciertos conjuntos de notas que rememoran a las melodías de Williams pero que luego transcurren por otros derroteros musicales. Se perciben las bases de los temas que todos llevamos en la memoria gracias a la trilogía original, como el tema de la Fuerza o la marcha imperial, pero Giacchino las presenta como si estuviesen aún sin pulir, como si fuesen las versiones prototípicas que más adelante alcanzarían su forma final en las composiciones de Williams. Esto me ha parecido fascinante, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de la banda sonora de una precuela. La película se sitúa antes del comienzo de Una Nueva Esperanza y de alguna forma el compositor ha conseguido transmitir que su banda sonora también es anterior a la del Episodio IV

Lo primero que hice al salir del cine fue lanzarme a escuchar la banda sonora y, de entro todos sus temas, tengo que destacar la Hope Suite, el tema con el que se cierra la batalla de Scarif en la película. Es un tema con clara influencia de Williams en el uso de las contundentes fanfarrias de viento, pero que sabe introducir de forma sutil las cuerdas para remarcar los momentos más emotivos. Es el tema que más me llega de toda la banda sonora, desde luego.


Sólo me queda un aspecto por abordar antes de dar por concluida esta crítica y tiene que ver con un tema siempre peliagudo: la nostalgia. La franquicia Star Wars no es la única que sufre una nostalgia desmedida en estos tiempos, sino que parece algo que afecta a todo el conjunto de la cultura popular. Vivimos en una época en la que se rinde culto a décadas pasadas que ya ni siquiera recordamos demasiado bien. Yo nací en la década de los 80 y apenas recuerdo gran cosa de aquellos años, pero la cultura popular parece empeñada en hacerme revivir las mismas sensaciones que experimenté de niño. Hoy hay tantas películas, series y videojuegos desesperados por crear un vínculo emocional con su público que se recurre sin pudor a las memorias infantiles con la esperanza de que, por pura asociación, ese producto despierte alguna emoción dentro de su público. La verdad es que yo empiezo a estar bastante hastiado de toda esta nostalgia gratuita que en el fondo no esconde más que una estrategia de marketing bastante pobre. Empiezo a aborrecer el culto a la década de los 80 y me molesta que la gente considere que todo tiempo pasado fue mejor.

Star Wars no se libra de esta tendencia dañina, pues tanto el Episodio VII como Rogue One recurren demasiado a la nostalgia por la nostalgia misma. Este es el motivo por el que Vader tiene cierta presencia en Rogue One, después de todo. No voy a poner en duda la calidad de las escenas de Vader en esta película. Es más, diría que el personaje nunca antes había resultado tan regio, temible e imponente como en estas escenas y yo las disfruté como el que más. Sin embargo, su presencia aquí es bastante gratuita. Había formas más sutiles de conectar el final de Rogue One con el inicio de Una Nueva Esperanza, por lo que veo a Vader como una concesión al público nostálgico que buscaba una réplica de la vieja Star Wars con efectos modernos. En cierto sentido, es como si los mitos del pasado estuviesen lastrando todas las novedades que aporta la nueva película y esto me parece algo triste. Personalmente habría eliminado las escenas de Vader para darle más tiempo en pantalla al desarrollo de Jyn Erso y sus compañeros. Pero claro, así la película habría perdido el reclamo de la nostalgia. Este es el gran problema de esta moda nostálgica, que la admiración excesiva por el pasado hace que resulte más difícil admirar las bondades del presente.

Yo ya ha visto la saga original de Star Wars y no quiero ni necesito que vuelvan a recrearla. Lo que quiero ahora es una nueva Star Wars, que se amolde al presente y refleje todos los cambios que se han producido en la sociedad durante las últimas décadas. Esto es lo que está haciendo Disney, pero es como si todos los avances que está consiguiendo se apoyasen siempre en la nostalgia por el pasado y esto les restase impacto. Los que vendieron el Episodio VII al gran público no fueron Rey, Finn o Poe, sino Han Solo y Chewbacca diciendo que habían vuelto a casa. De igual forma, el gran reclamo de Rogue One no son Jyn Erso y los suyos, sino Darth Vader y la Estrella de la Muerte. Y por si esto fuera poco la película incluso recrea a Tarkin y a Leia tal y como aparecen en Una Nueva Esperanza, lo cual hace que me pregunte si de verdad era necesario permanecer tan anclado en el pasado. Con lo grande que es el universo de la franquicia Star Wars, ¿de verdad es necesario referenciar una y otra vez la saga original? Con todas las posibilidades que permite un universo así, ¿todo va a permanecer siempre a la sombra de Luke, Leia y Han? No soy ingenuo y sé que las franquicias siempre juegan sobre seguro, apoyándose en productos previos de probada eficacia que han logrado hacerse un nombre en el mercado. Star Wars no pretende cambiar el mundo, sino resultar rentable en taquilla porque no deja de ser cine comercial.

No obstante, me gustaría que los responsables de la franquicia fuesen más valientes y empezasen a dejar la nostalgia de lado para llevar a la franquicia al futuro. Y digo esto pese a ser el primero al que se le saltaron las lágrimas al ver a Han en el trailer de El Despertar de la Fuerza. Digo esto pese a que estuve a punto de caerme de la butaca del cine cuando aparece Tarkin en Rogue One, tan fiel al original que parece que el propio Peter Cushing haya vuelto de entre los muertos. Digo esto pese a que siempre disfruto con los guiños a las anteriores películas y a que cualquier mención a los personajes que conocí de niño me ablanda el corazón. Y, sin embargo, lo que más me motiva ahora no es seguir sumergiéndome en lo que ya me ofreció Star Wars en el pasado, sino descubrir todas esas cosas nuevas que puede ofrecerme hoy. Quiero ver a más personajes como Rey o Jyn Erso. Como Cassian. Como Poe. Como Chirrut. Como Finn. Quiero que Star Wars me muestre cosas que antes no podía mostrarme. Quiero, en definitiva, que el pasado empiece a quedarse atrás de una vez y deje al fin vía libre al futuro. Cuando quiera viajar al pasado siempre podré acudir a las películas originales, pero no quiero ir al cine en busca de una nueva entrega y encontrarme que ésta siempre tiene un pie en el pasado cuando debería lanzarse sin miedo hacia una nueva frontera.


Rogue One es una gran película y se puede disfrutar a muchos niveles. Tiene un reparto de lo más interesante, unas escenas de acción maravillosas y una banda sonora muy bonita. Esconde un montón de guiños y referencias a la franquicia, algunos muy descarados y otros más sutiles que sólo captarán los más avezados. Es algo apresurada y a sus personajes les falta algo de tiempo para que su desarrollo cuaje del todo, pero es casi una película redonda. Lo único que me parece verdaderamente criticable es que se deja lastrar demasiado por la nostalgia. Para mucha gente esto no supondrá ningún problema y en el fondo a mí no me ha impedido disfrutar como un loco de Rogue One, pero me hace pensar en lo lejos que podría haber llegado esta idea si no se hubiese apoyado tanto en esa nostalgia gratuita. Insisto: yo soy el primero que se emociona al ver a Mon Mothma o a un piloto de Ala-X con el mostacho típico de los años 70, pero vivir en el pasado no es sano. Es necesario aceptar que las cosas cambian, que lo viejo queda atrás y que el futuro pertenece a la nuevo.

Una última cosa antes de cerrar. Querido Alan Tudyk (el droide K-2SO en Rogue One), esta es la segunda vez que me haces lo mismo. Ahora esto se ha vuelto personal y pienso enviarte las facturas por los gastos de la terapia que voy a necesitar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Los comentarios serán moderados antes de ser publicados.