30 de octubre de 2015

[Cómic] La primera oleada de cómics de Star Wars de Marvel: una pequeña opinión

Como todos sabréis a estas alturas, una de las consecuencias de la compra de Lucasfilm por parte de Disney supuso el regreso de los derechos de publicación de los cómics de Star Wars a Marvel, editorial también perteneciente a Disney que ya había publicado diversas historias de la franquicia galáctica en el pasado. Sin embargo, estos no iban a ser meros productos derivados sino algo más importante: el inicio de un nuevo universo expandido. Todo lo publicado con anterioridad dejó oficialmente de ser canon para allanar el camino a la nueva trilogía cinematográfica cuyo comienzo llegará a finales de este año y que vendrá precedida por diversos complementos como los cómics de los que voy a hablar a continuación. Por tanto, estos cómics suponen los cimientos del nuevo universo expandido de Star Wars y el hecho de que Marvel los haya puesto en manos de algunos de sus mejores autores refuerza esta idea. El mero hecho de pertenecer a la franquicia a la que pertenecen ya aseguraba que fuesen a venderse como churros, pero la editorial se ha preocupado por hacer que tengan entidad propia y que se sientan importantes dentro de la saga. La mejor forma de conseguir eso, por supuesto, era seleccionar equipos creativos de primer nivel para que se encargasen de darle vida a estas series.

Este nuevo universo expandido en las viñetas se articula alrededor de dos series regulares: una cabecera principal titulada Star Wars y otra llamada Darth Vader protagonizada por el personaje del mismo nombre. Ambas series se sitúan entre el final del Episodio IV: Una Nueva Esperanza y el comienzo del Episodio V: El Imperio Contraataca, lo cual les otorga cierta libertad de acción sin incurrir en incongruencias con lo mostrado por la trilogía clásica. Es más, estas dos series aprovechan ese hueco en la cronología para explicar aspectos que apenas se tocan en las películas y que resultan un tanto incongruentes pese a que el cariño y la nostalgia nos impidan percatarnos de ello. Ambas series, además, se desarrollan de manera simultánea y están coordinadas de la misma forma que se coordinan los eventos dentro de la continuidad del Universo Marvel: lo que sucede en una serie afecta a la otra, reforzando la idea de que forman parte de un mismo universo. Por otro lado, estas dos series se irán acompañando de diversas series limitadas protagonizadas por personajes destacados de la saga como la Princesa Leia, Lando Calrissian o Chewbacca.

En España, la editorial Planeta es la encargada de publicar estos cómics. En el momento de escribir esto ya se han publicado los primeros arcos argumentales de Star Wars y Darth Vader, así como la serie limitada centrada en la Princesa Leia al completo. Por tanto, parece un buen momento para comentar lo que nos han ofrecido estos cómics hasta ahora.

Star Wars, de Jason Aaron y John Cassaday


Concebida como la cabecera principal y la estrella de la fiesta, Star Wars es la serie más próxima a lo que uno se esperaría ver en una película de la saga galáctica, con todo su despliegue de fuegos artificiales. Puesto que el villano cuenta con su propia serie, podría dar la impresión de que esta se centra en los héroes de la Alianza Rebelde, pero lo cierto es que Vader también cuenta con mucha presencia en sus páginas. De hecho, la premisa que articula el primer arco tiene que ver con el propio Vader. Todo comienza con una ataque de Luke Skywalker y los suyos a una fábrica de armas del Imperio que es interrumpido por la llegada de Darth Vader. Esto lleva al lord sith a interesarse por Luke, al que en ese momento sólo conoce por haber sido el piloto responsable de la destrucción de la Estrella de la Muerte. Por tanto, contrata a un cazarrecompensas (un tal Boba Fett que supongo que conoceréis) para hacerse con Luke y descubrir su identidad. Efectivamente, este primer arco nos cuenta algo que la trilogía clásica siempre nos escatimó: el momento en el que Vader descubre que Luke es su hijo.

Jason Aaron realiza un estupendo trabajo de caracterización, haciendo que todos los personajes hablen como se supone que tienen que hablar y reaccionen como se supone que tiene que reaccionar. Es más, en algunos personajes la caracterización es superior a la que nos mostraron las películas. Me estoy refiriendo en especial a Boba Fett, un personaje amado por los seguidores de la franquicia de una forma algo incomprensible dado que apenas tiene un par de frases. En el guión de Aaron, Boba Fett es realmente carismático, mostrando una actitud y unos diálogos que lo acercan más al Boba Fett ideal que aman los fans que al Boba Fett que muestra la trilogía clásica en realidad.

Más allá de Boba Fett, el protagonismo se divide entre un Luke Skywalker que empieza a desconfiar de su capacidad para enfrentarse al Imperio y un grandioso Vader cuyas apariciones son memorables; todas y cada una de ellas. El resto de personajes tienen también su pequeño hueco, aunque quedan un tanto en segundo plano en este primer arco. No obstante, Han Solo y la Princesa Leia tienen algunas escenas en lo que se intuye como una preparación para lo que vendrá en el segundo arco y que tiene que ver con un personaje nuevo que introduce Aaron: Sana Solo, la esposa de Han.

Aaron elige evitar el uso de bocadillos de pensamiento y cuadros de texto para acercar el estilo del cómic a la narrativa cinematográfica y en ese sentido John Cassady era uno de los dibujantes más indicados para acompañarle. Cassady no sólo borda la representación de los personajes, sino que también sabe narrar visualmente sin demasiado artificio. Sus composiciones de página son sencillas y fáciles de seguir, lo que agiliza la lectura y permite centrar la atención en el contenido de las viñetas. A veces el dibujante incluso recurre a algunos encuadres de las películas para generar sensación de familiaridad en el lector. Como no podía ser de otra forma, Cassaday también introduce bastantes guiños visuales a la trilogía original que resonarán con fuerza en nuestra memoria. No es casualidad que la primera aparición de Sana Solo recuerde poderosamente a la primera aparición de Han en Una Nueva Esperanza. En definitiva, Cassaday hace un trabajo excelente en estas páginas y es una pena que sólo vaya a encargarse de este primer arco de seis números. El número siete, un flashback centrado en los tiempos de Obi-Wan Kenobi en Tatooine, corre a cargo de Simone Bianchi, mientras que el segundo arco de la serie lo dibujará Stuart Immonen. Poco hay que preocuparse por el apartado gráfico, pues Immonen ha demostrado su valía en más de una ocasión y esta serie puede permitirle brillar como se merece.

Darth Vader, de Kieron Gillen y Salvador Larroca


Si bien el primer arco de la serie de Aaron me ha encantado, el comienzo de la serie de Gillen me ha enamorado por completo. Gillen lleva tiempo siendo uno de mis guionistas favoritos gracias a sus trabajos para Marvel (Viaje al Misterio, Jóvenes Vengadores) o para Image (The Wicked + The Divine) y aquí llega a rizar el rizo de una forma admirable. Gillen se atreve a introducir elementos de las infames precuelas de la saga (los Episodios I a III) en este nuevo universo expandido y lo hace de una manera magistral.

Darth Vader es un personaje carismático de por sí. Su estatus como icono del cine es incuestionable y se debe en gran parte al misterio que rodeaba su figura. Su casco, su traje negro y su respiración ocultaban a la persona que había debajo y eso siempre excita la imaginación de los espectadores. Vader es altivo, lejano, incomprensible e inaprensible. Sólo podemos imaginar lo que puede pasar por su cabeza en cada momento. En ese sentido, la idea de George Lucas de deconstruir y humanizar al personaje en las precuelas, aunque buena, se plasmó de manera muy deficiente. Ahora Gillen aprovecha retazos de dichas precuelas para acercarnos al interior del personaje, pero sin perder de vista que el misterio es parte fundamental de la fascinación que nos genera. Así, Gillen sugiere lo que Vader piensa o siente, pero nunca lo muestra de forma definitiva. Siguiendo el mismo principio que la serie hermana de evitar los bocadillos de pensamiento y los cuadros de texto, Gillen huye del monólogo interior que impera en las series con protagonistas individuales y deja que sea la parte gráfica la que nos sumerja en el interior de Vader. Basta la imagen de un recuerdo bien seleccionado en el momento adecuado para transmitir todo lo que se agita en el tumultuoso interior del lord sith. Esta sutileza y esta sofisticación son admirables, al igual que es admirable recurrir a las precuelas tan odiadas por los fans y conseguir rescatar algo de ellas que merezca la pena.

Hablando de sofisticación, creo que este adjetivo describe bien lo que plantea el guionista en esta serie. La premisa parte de una base muy interesante, que además viene a explicar otra pequeña incongruencia de la trilogía original. Mientras que en Una Nueva Esperanza Vader estaba a los órdenes de otros oficiales del Imperio como Tarkin, en El Imperio Contraataca parecía haber ascendido en el escalafón y tenía al resto de oficiales como subordinados. Lo que nos cuenta Gillen aquí es precisamente dicha ascensión. Tras la destrucción de la Estrella de la Muerte, el Emperador degrada a Vader como castigo y le insta a recuperar su posición trepando desde lo más bajo. Esta es por tanto una historia en la que Vader usa su astucia y sus recursos para demostrar su valía, aunque eso suponga enfrentarse a los propios agentes imperiales. De hecho, los rebeldes están ausentes en estas páginas, haciendo que los únicos rivales a los que tenga que enfrentarse Vader sean los oficiales del Imperio e incluso el mismo Emperador, pero siempre a base de subterfugios, engaños y sutilezas, de ahí que todo resulte tan sofisticado y elegante.

Pero aunque la serie se centra en Darth Vader, Gillen sabe que es importante contar con un reparto de secundarios que resulten carismáticos, por lo que introduce a un fantástico trío de nuevos personajes. Retomando el interés de Vader por los droides (algo que también viene de las precuelas), el guionista le otorga a una pareja de acompañantes que bien podría considerarse una versión psicópata y pasada de vueltas de R2-D2 y C-3PO. Se trata de BT-1, un androide asesino camuflado como un droide astromecánico y 0-0-0 (triple cero), un androide de protocolo especializado en etiqueta, costumbres, traducción y tortura. Junto a ellos tenemos a la Doctor Aphra, una arqueóloga especial que bien podría pasar por una versión femenina y amoral de Indiana Jones. Vader usará a estos tres personajes para descubrir qué secretos le oculta el Emperador en una trama bastante interesante que demuestra que la relación entre Vader y Palpatine es bastante más compleja de lo que las películas nos han enseñado.

Respecto al apartado gráfico, el encargado de dibujar esta serie es Salvador Larroca, un artista cuya tendencia hacia el fotorrealismo encaja bastante bien dentro del universo Star Wars. Si bien es cierto que a veces tengo la impresión de que le bailan las proporciones o de que pierde un poco la perspectiva (la doble página de la fábrica de droides de Geonosis podría ser un buen ejemplo de ambos problemas), en general su trabajo aquí es notable y lo pondría sin problemas bastante por encima de la media de sus últimas colaboraciones en Marvel. Finalmente, las portadas corren a cargo del siempre excelente Adi Granov, siendo todas ellas dignas de ser enmarcadas y colgadas de tu pared.

Princesa Leia, de Mark Waid y Terry Dodson


La primera de las series limitadas que acompañarán a las dos anteriores en su devenir mensual abarca cinco número y está protagonizada por la Princesa Leia, el único personaje femenino con algo de relevancia dentro de la trilogía original. El hecho de que ésta haya sido la primera serie limitada ya supone una declaración de intenciones, desde mi punto de vista. Aunque ya en su momento Leia fue un personaje pionero en la forma de tratar a la mujer dentro de la ficción para todos los públicos, siempre mereció más protagonismo. De esta forma, esta miniserie está concebida para su lucimiento y el resto de personajes de la saga apenas tiene un par de cameos en sus páginas.

Mark Waid, un guionista de confianza cuyos trabajos suelen rozar siempre lo excelente, se encarga de escribir esta historia en la que se explora un tema interesante: ¿qué pasó con los supervivientes de Alderaan después de que la Estrella de la Muerte destruyese su mundo natal? Era lógico suponer que en una galaxia tan grande en la que los viajes interestelares son tan comunes, no todos los habitantes de Alderaan estuviesen en el planeta cuando fue arrasado. Muchos estaban afincados en otros mundos, en colonias exteriores o en las filas de la Alianza Rebelde. Ahora Leia se ha propuesto reunirlos a todos en un intento por salvaguardar lo que queda de su cultura y para ello contará con la ayuda de R2-D2 y de Evann, una piloto rebelde que también procede de Alderaan.

La premisa es atractiva y se desarrolla todo lo bien que los cinco números le permiten, llegando a tocar incluso algunos aspectos tan complejos como la pureza racial versus el mestizaje en la conservación de una cultura (Waid, por supuesto, apuesta por el mestizaje). Sin embargo, durante la lectura de esta serie limitada no pude quitarme de la cabeza que se trataba de una aventurilla sin demasiada trascendencia. Mientras que las dos series anteriores supieron transmitirme su importancia dentro de la saga, esta no me parece una serie importante dentro de la trayectoria de la Princesa Leia ni relevante dentro del nuevo universo expandido. Es una auténtica lástima, porque el trabajo de Waid me parece más que solvente y muestra a una Leia decidida e independiente que es una gozada, pero el conjunto queda algo más desconectado del universo expandido de lo que me gustaría.

Por desgracia, en este caso el apartado gráfico no ayuda a que la serie vaya a perdurar en mi memoria. Terry Dodson, que por lo general es un gran portadista, deja bastante que desear en las páginas interiores, De hecho, algunas páginas incluso me parecen descuidadas y a medio terminar, lo que unido a la excesiva y gratuita voluptuosidad de sus personajes femeninos hace que su trabajo aquí se me haya acabado atragantando. Y es una pena, porque Waid merecía algo mejor.

Aunque coloco esta serie bastante por debajo de las dos anteriores, no me cabe duda de que merece una oportunidad. Eso sí, más por el trabajo del guionista que por el del dibujante. Pese a que pueda parecer intrascendente, se trata de una aventura de corte clásico, bien narrada y muy entretenida. Además, aunque dispone de poca extensión, juega bien sus cartas y logra insinuar una temática mucho más rica y compleja de lo habitual en series limitadas. Sólo falla el dibujo y esa sensación de que esto podría haber dado más de sí. En definitiva, su lectura me ha dejado un sabor agridulce. Espero que la siguiente serie limitada, que estará protagonizada por Lando, me deje mejor sabor de boca.