21 de julio de 2015

[Cómic] Reseña de "Spider-Verse", de Dan Slott, Olivier Coipel y Giuseppe Camuncoli


Aunque ya hace bastante tiempo que terminó en USA, recientemente Panini ha completado la edición española de Spider-Verse (traducido con no mucho tino como Universo Spiderman en dicha edición), el último evento arácnido orquestado por el guionista Dan Slott. Tras completar su lectura me parece pertinente reivindicar esta saga como una de las más acertadas, apasionantes y enriquecedoras de la ya larga etapa de Slott como máximo responsable de las aventuras de nuestro amigo y vecino el trepamuros. Nunca me he considerado especialmente fan de Spiderman, pero desde que Slott tomó las riendas del personaje cada vez me gusta más y más. Probablemente, uno de los motivos que han propiciado esto es que el guionista parece empeñado en expandir los horizontes de Spiderman y ofrecer no sólo nuevos personajes secundarios y escenarios, sino también aventuras en las que hace años jamás habríamos imaginado que pudiese encajar el cabeza de red. Y, sin embargo, todo el trabajo de Slott parece articularse alrededor de una cuestión clave muy simple: ¿qué es lo que hace que nuestro Peter Parker/Spiderman sea tan especial? Esta pregunta era la esencia de Spiderman Superior y vuelve a estar presente una vez más en Spider-Verse.

No es ningún secreto que esta saga llevaba cociéndose desde hace mucho tiempo y que Slott había pensado desarrollarla durante la etapa de Spiderman Superior hasta que el editor le sugirió que esperase hasta que ésta finalizase (por circunstancias que todo aquel que haya leído dicha etapa conocerá). Evidentemente, el retraso también influyó en la escala del argumento, pasando de ser un arco dentro de la serie regular a un evento que tendría su impacto en otras series (Spiderman 2099 y Spiderwoman para ser concretos) y que propiciaría la publicación de diversas miniseries derivadas (como Edge of Spider-Verse o Scarlet Spiders). No obstante, el argumento principal se puede seguir sin ningún problema en base a los seis números y el epílogo contenidos en la cabecera principal. Como es lógico suponer, la lectura de los cruces y miniseries es más que recomendable para ampliar lo que ofrece la serie principal y conocer de primera mano algunos detalles que en ella sólo se tocan de pasada, pero difícilmente calificaría como imprescindible alguno de los cruces por muy disfrutables que me hayan resultado. Respecto a esto, creo que la edición española de Panini (que normalmente suele hacer cosas muy raras con Spiderman) ha tenido el acierto de incluir todo lo relacionado con Spider-Verse en los tomos mensuales de El Asombroso Spiderman, salvo los cruces de Spiderman 2099 y Spiderwoman que se incluyen en los primeros tomos de sus respectivas series. Por otra parte, el orden en el que se han incluido sería discutible, pero esa es una cuestión para otro momento. Lo importante es que el hecho de que todo aquel que siga esta serie en su edición española puede disponer de forma cómoda de todo ese material. Estoy me parece muy positivo.

Esas miniseries derivadas se merecen algo más que una mera mención, desde mi punto de vista. Los dos números que nos devuelven al Spiderman Superior y nos preparan para el inicio del evento en sí son tremendamente bueno pese a no haber sido guionizados por Slott en solitario (que aquí contó con la ayuda de Christos Gage) y la miniserie Edge of Spider-Verse en la que se presentan algunas versiones de Spiderman en universos alternativos debería pasar a la historia por introducir a uno de los personajes más revolucionarios de la Marvel actual: Spider-Gwen, que ya cuenta con una legión de seguidores entre los que me incluyo. Por otro lado, la miniserie Scarlet Spiders es muy entretenida y espectacular, aunque su apartado gráfico deja algo que desear (y quizá la caracterización del villano principal es algo contradictoria con la que presenta Slott, aunque eso no le resta valor). Incluso en las miniseries más periféricas como Spider-Verse Team-Up encontramos pequeñas joyas como la visita al universo del Spiderman de la serie de dibujos de los 60 o Una Araña en la Oscuridad, una historia corta escrita por Gerry Conway en la que Spider-Gwen se encuentra con un Peter Parker que en su mundo ha asumido la identidad del Duende. En resumidas cuentas, los cruces y derivados de Spider-Verse no serán imprescindibles, pero desde luego son más que recomendables.


Pero pasemos ya a comentar el evento en sí. Spider-Verse recupera a Morlun, un viejo enemigo del trepamuros que nunca fue especialmente brillante, y crea todo un nuevo contexto a su alrededor: Morlun forma parte de una familia conocida como los Herederos, un grupo de cazadores que viajan de dimensión en dimensión alimentándose de la esencia vital de criaturas con poderes totémicos. En este caso, de criaturas con poderes totémicos arácnidos, es decir, de versiones de Spiderman de diversas realidades. Gracias a los poderes del enigmático Maestro Tejedor, los Herederos han iniciado una masiva cacería de Hombres Araña a través del multiverso. Sin embargo, haber sido derrotado dos veces por nuestro Peter Parker, el Spiderman del universo 616, hace que Morlun evite ese mundo. Esta situación provoca que su violento hermano Daemos decida hacer una visita a dicha realidad, acelerando los acontecimientos y propiciando el inicio de la saga. Mientras esto sucede, diversos Spiderman de realidades alternativas comienzan a reunirse en dos grupos: uno dirigido por un Spiderman Superior desplazado en el tiempo y otro que pide ayuda al Peter Parker del universo 616. Puesto que nuestro Peter es el único que ha derrotado jamás a uno de los Herederos (dos veces, de hecho), creen que sólo él puede liderarles en la batalla. El conflicto entre el Spiderman Superior y nuestro Spiderman está servido y además es uno de los momentos más disfrutables del evento.

No obstante, la trama se complica cuando entra en escena Solus, el padre de los Herederos, y se desvela que los villanos pretenden realizar un ritual usando a tres tótems especiales (la Novia, el Otro y el Vástago) que eliminará la posibilidad de que nuevos tótems arácnidos aparezcan en el multiverso. Para evitarlo, los diversos Spiderman viajarán por varias dimensiones mientras intentan sobrevivir a los ataques de los Herederos el tiempo suficiente para formular un plan.

He de admitir que en general tengo un buen recuerdo de la etapa de J. M. Straczynski, pero siempre me disgustó su interés por otorgarle una naturaleza pseudo-mística a los poderes de Spiderman con esa historia sobre los poderes totémicos. Además, cuando creó a Morlun era un villano tremendamente plano y con poco interés. Por suerte, durante Spider-Verse Slott ha sabido coger estas ideas poco inspiradas y darles mejor forma. En Spider-Verse, estando rodeados de infinitas variaciones multiversales del concepto de Spiderman, la explicación sobre los tótems adquiere un nuevo sentido del que carecía en la época de Straczynski. No sólo eso, sino que además, darle un contexto a Morlun (una familia, en este caso) convierte a un villano mediocre en un pieza clave dentro de un puzle tremendamente interesante de interacciones dentro de esta disfuncional familia de vampiros interdimensionales. Slott no reescribe el pasado, por mediocre que pudiese ser, sino que lo integra en su historia y busca la manera de hacerlo brillar. No todos los guionistas son tan respetuosos con el legado de sus compañeros ni aman tanto a los personajes que escriben como para ver potencial incluso en las historias que antaño resultaron más cutres.


El amor es clave para comprender Spider-Verse. Slott ama a Spiderman en todas sus formas, por estúpidas o ridículas que puedan parecer. La materialización de esta saga es una especie de fantasía hecha realidad para el guionista, que disfruta como un niño escribiendo momentos en los que Spider-Ham (Peter Porker, el auténtico y genuino Spidercerdo) habla con Spidermono o en los que aparece un Spidermóvil parlante. Slott aprovecha cualquier aspecto de la amplia mitología de Spiderman tanto dentro de los cómics como en otros medios para homenajear al personaje en todas sus formas. ¿El Spiderman japonés de la teleserie de los 70 con su robot gigante Leopardon? ¿Un Spiderman vaquero cuyo caballo cabalga por la pared? ¿Una Lady Spider victoriana steampunk? Adelante, ¿por qué no? Todo es válido, todo puede ser parte de una gran historia y todo puede ser maravilloso: esa es la filosofía de Slott. El guionista ama y respeta a todas y cada una de las encarnaciones de Spiderman, como bien prueba cierto diálogo entre Spider-UK, el Spiderman del Cuerpo de Capitanes Britania, y Pavitr Prabhakar, el Spiderman de Bombay. Pavitr dice sobre nuestro Peter Parker: "Hay demasiadas similitudes. No puedo evitarlo. La sensación... de que él es el verdadero Spiderman. Y que yo soy una especie de eco, un reflejo extraño. Y prescindible". A lo que Spider-UK le responde con tremendo acierto: "Pavitr, tú eres Spiderman. Eres un héroe donde quiera que estés y con quien quiera que tengas al lado. Y ese otro tío... ¿quién te dice que él no es un pálido reflejo de ti?"

Sin embargo, hay que puntualizar que el amor y el respeto que siente el guionista por las infinitas iteraciones de su personaje fetiche no le impide hacer que Spider-Verse sea una auténtica masacre en la que una enorme cantidad de Spiderman alternativos acaban muriendo de las maneras más horribles a manos de los Herederos. La amenaza de los Herederos no es cosa de risa y la contundencia con la que tratan a sus presas es un recordatorio del peligro extremo al que están expuestos los personajes. ¿Y es compatible esta masacre arácnida con la aparición de personajes de vertiente más cómica como Spider-Ham? Desde luego que sí. Esto son cómics, después de todo.

Sin entrar en demasiados detalles, diré que en su conjunto Spider-Verse me parece un evento muy sólido: los villanos son interesantes y carismáticos (pese a que quizá pierdan algo de fuerza y resulten menos contundentes de lo que deberían en el último número... aunque por una razón bastante justificada, claro), el conflicto entre nuestro Peter y el Spiderman Superior se resuelve satisfactoriamente, casi todos los Spiderman alternativos tienen su pequeño momento de gloria, hay un giro final sorprendente cuando se desvela la identidad del Maestro Tejedor (hábilmente oculta desde el principio) y el epílogo deja una nueva situación perfecta para ser explorada en el futuro (algo que ya pasó en otros eventos de Slott como Spider-Island). En su momento se le criticaron ciertas cosas a Spider-Verse, como por ejemplo la manera en la que introducen a Mayday Parker en la historia, pero desde mi punto de vista llegados al final de la historia incluso los movimientos más polémicos como lo de Mayday se acaban revelando como un acierto (¿qué mejor manera de revitalizar a una versión de Spiderman que dándole una nueva tragedia personal de la que arrepentirse?). Tras la conclusión de Spider-Verse, personajes casi olvidados como Mayday o Anya Corazon encuentran una nueva posición llena de potencial dentro del multiverso Marvel, mientras personajes nuevos como Spider-UK o Spider-Gwen se asientan para enriquecer aún más este maravilloso cosmos de ficción con su presencia. No hay queja posible.

Antes de acabar, es imprescindible dedicar unas líneas al trabajo de los dos dibujantes principales del evento. Olivier Coipel está sencillamente majestuoso, con unas páginas que quitan el hipo. Sus combates tienen una coreografía estupenda y su dominio de la anatomía de Peter Parker alcanza cotas pocas veces vistas. Su capacidad para reflejar la personalidad de diferentes versiones de un mismo personaje en base a la expresividad facial y el lenguaje corporal es sorprendente y brilla especialmente durante la primera pelea entre Peter y el Spiderman Superior (cuya identidad será bien conocida por los que hayan seguido la serie, pero que yo he preferido reservarme aquí por si hay algún insensato que esté leyendo esto sin haber leído la etapa de Spiderman Superior). Tristemente, cuando un artista es tan espectacular como Coipel también suele ser lento en las fechas de entrega y, por tanto, incapaz de llevar a cabo un evento en su totalidad. Por este motivo parte de Spider-Verse recae en Giuseppe Camuncoli, un dibujante que ya lleva tiempo dentro de la franquicia arácnida y cuya progresión en cuestiones de estilo y narrativa se ha hecho evidente en muy poco tiempo. Quizá carezca del espectacular acabado del arte de Coipel, pero sin duda realiza un trabajo notable en Spider-Verse. Incluso me atrevería a decir que su versión de los Herederos me gusta más que la de Coipel.


En conclusión, Spider-Verse es otro paso impresionante dentro del memorable camino que está siendo la estancia de Dan Slott como guionista principal del trepamuros, una saga repleta de fanservice bien entendido, cargada de amor y respeto por la mitología del personaje, con una soberbia galería de nuevos villanos, la revitalización de viejas glorias como Mayday Parker, la incorporación de nuevas estrellas como Spider-Gwen y con un apartado gráfico delicioso. Todo ello acompañado por el ingrediente que hace que los buenos cómics se recuerden en el futuro: la diversión. Spider-Verse es una saga entretenida, con un estupendo equilibrio entre la acción, el desarrollo de personajes y el humor. Entiendo que, como todo evento, su lectura pueda resultar algo confusa para aquellos que no estén acostumbrados a este tipo de acontecimientos editoriales, pero para eso están los cruces y miniseries: para dar todos los detalles que no se pueden ofrecer en la serie principal (y como ya he comentado, en este caso las miniseries derivadas son más que recomendables). Por si todo lo anterior fuera poco, el final de Spider-Verse plantea una fascinante situación para el futuro cuyo desarrollo estoy ansioso por descubrir: ahora que ya no existe un Cuerpo de Capitanes Britania que vele por la seguridad del multiverso, ¿por qué no sustituirlo por un cuerpo de Hombres Araña? Lo veremos (o no) en Secret Wars: Spider-Verse.