28 de noviembre de 2013

[Cómic] Los 4 Fantásticos de Mark Waid y Mike Wieringo: imaginautas de lo imposible

En 2002, el equipo creativo formado por el guionista Mark Waid y el dibujante Mike Wieringo llegó a la serie de los Cuatro Fantásticos para revitalizar las historias del cuarteto. Después de una etapa cargada de buenas ideas (que por desgracia no acabaron de cristalizar como deberían) con los españoles Carlos Pacheco y Rafael Marín a los mandos y de un breve interludio guionizado por Karl Kesel, la Primera Familia de Marvel necesitaba aires nuevos que volviesen a llamar la atención de los lectores. Waid y Wieringo, que habían alcanzado gran fama dentro del mundo del cómic mainstream gracias a su brillante etapa en la serie de Flash de DC Comics, volvieron a reunirse una vez más para dar a luz algunas de las historias más curiosas e inesperadas de los 4F.


El término "imaginautas", acuñado por Waid para describir a la peculiar familia compuesta por Mister Fantástico, la Mujer Invisible, la Antorcha Humana y la Cosa, define en buena medida la idea central del guionista en su abordaje de la serie: los 4F son héroes, aventureros y exploradores que viajan a donde nadie ha viajado nunca, desafiando a la razón, poniendo a prueba las leyes del universo y expandiendo los límites de la imaginación. En un cómic protagonizado por estos personajes lo inesperado debería ser la norma y no la excepción. Por tanto, Waid planeó su etapa con la intención de sorprender constantemente a los lectores acostumbrados a la dinámica de la serie. La suyas no iban a ser las típicas historias de los Cuatro Fantásticos.

¿Cuántas veces hemos visto a los 4F viajando a una dimensión extraña? ¿Cuántas veces hemos visto al Doctor Muerte enfrentándose al cuarteto? ¿Cuántas veces hemos visto a Galactus cerniéndose sobre la Tierra? Los que llevamos bastante tiempo leyendo las aventuras de la Primera Familia conocemos los resortes y mecanismos que impulsan sus historias y sabemos predecirlas, por lo que Waid decidió jugar con nuestras expectativas, cambiando las reglas del juego y optando por arriesgados puntos de vista para narrar las historias de siempre. En efecto, los 4F viajan durante esta etapa a una dimensión extraña, pero no es la Zona Negativa o el Microverso, sino el Cielo, literalmente. De igual forma, el Doctor Muerte vuelve a enfrentarse al cuarteto, pero rechazando cualquier muestra de la tecnología que siempre le ha caracterizado y abrazando la brujería con una intensidad nunca antes vista. Finalmente, Galactus también hace su aparición, pero en esta ocasión apenas vemos a la gigantesca deidad devoradora de mundos y conocemos, en cambio, al hombre que fue milenios atrás, en otro tiempo y otro universo.

La perspectiva de Waid resulta distinta y atrevida, pero también fiel a la rica tradición iniciada décadas atrás por Stan Lee y Jack Kirby. Los dos grandes arcos argumentales sobre los que se sustentan los 4F de Waid y Wieringo (uno de ellos con el Doctor Muerte como antagonista y el otro con Galactus como invitado de honor) son la guinda de un pastel cuya masa está constituida por un soberbio desarrollo de personajes. Al igual que otros autores antes que él, Waid muestra que Reed, Sue, Ben y Johnny son ante todo y por encima de todo una familia. La exploración del universo y los combates contra siniestros enemigos no son más que una pequeña parte de su vida, ya que lo verdaderamente importante son los vínculos que unen a los 4F y su dinámica familiar: la culpabilidad de Reed por haber sido responsable del accidente que les otorgó sus fantásticos poderes y que convirtió a su mejor amigo en un ser monstruoso hecho de roca, la fraternal rivalidad entre Ben y Johnny, las dificultades que experimenta Sue al estar casada con uno de los hombres más geniales y excéntricos del mundo, el amor incondicional que sienten los cuatro hacia Franklin y Valeria (los hijos de Reed y Sue), el trato maternal que Sue proporciona a su hermano Johnny...


Pero Waid no sólo demuestra que conoce a los personajes, sino que también pretende que evolucionen. En sus manos, el alocado y eterno adolescente Johnny Storm experimenta uno de los retos más difíciles de su vida cuando su hermana le obliga a trabajar en la empresa que gestiona los beneficios producidos por las patentes de Reed y que sostiene la economía del equipo. Obligado a no pifiarla por el bien de su familia, a Johnny no le queda más remedio que asumir de una vez por todas que ya es adulto y que tiene que desempeñar las responsabilidades de cualquier persona madura. No obstante, el camino hacia la madurez del más joven de los 4F está plagado de momentos divertidos y de bromas memorables, pues otro de los aspectos por los que destacan los argumentos de Waid es por su sentido del humor. Los números protagonizados por Johnny son tremendamente graciosos, especialmente los dos números del arco argumental en el que le acompaña Spiderman (recordemos que la amistad/rivalidad entre la Antorcha Humana y Spidey es una de las más antiguas de Marvel).

La etapa de Waid empieza y acaba con historias repletas de humor, pero su parte central está caracterizada por el dramatismo. Durante "Impensable", el arco argumental centrado en el Doctor Muerte con el que la serie alcanzaba el número 500 USA, se produce un cambio de tono que marca las siguientes historias. Después de un prólogo excepcional en el que Waid y Wieringo rememoran los orígenes del buen doctor (quizá el número más redondo de toda la etapa), un Víctor von Muerte transformado en maestro hechicero derrota con facilidad a la Primera Familia y muestra una nivel de crueldad pocas veces visto al secuestrar a Valeria y enviar al joven Franklin a una dimensión infernal. En sus manos, los 4F sufren una humillante derrota y son torturados sin piedad.


La batalla con Muerte tendrá importantes secuelas para todos, especialmente para Franklin y para Reed. Mientras que el niño debe superar su viaje al Infierno, Reed pondrá en marcha un atrevido plan para evitar que Muerte vuelva a hacer daño a su familia en el futuro. Con el equipo sumido en terribles tensiones internas, el arco titulado "Acción de Autoridad" narra como Reed asume el control de Latveria (la nación gobernada por el Doctor Muerte) en contra de la opinión de sus amigos y de la comunidad internacional. Los motivos de Reed pasan por despojar a su viejo enemigo de todos sus recursos, de forma que nunca pueda volver a rearmarse y atacar de nuevo a los 4F. Este arco argumental es uno de los más polémicos de toda la etapa, ya que contiene cierta metáfora política acerca de las acciones militares de Estados Unidos en países extranjeros con la excusa de buscar armas de destrucción masiva. De hecho, como prueba poco sutil de esta metáfora, Reed llega a encontrar un arsenal de armas nucleares en Latveria.

"Acción de Autoridad" también resulta polémico por mostrar una imagen muy distinta de la Latveria que conocimos los que leímos los 4F de John Byrne durante los años 80. El reino europeo del Doctor Muerte siempre había sido un lugar ambiguo en el que sus habitantes mostraban una curiosa mezcla de admiración y miedo hacia el dictador que les gobernaba con puño de hierro. No obstante, el amor de Víctor hacia su patria siempre había estado fuera de toda duda. Por tanto, mostrar de forma tan directa los métodos con los que tiranizaba a sus súbditos y se deshacía de los disidentes hace que "Acción de Autoridad" proporcione una imagen de Muerte difícil de creer. Que el buen doctor elimine a sus enemigos políticos usando una guillotina ensangrentada es algo que se antoja muy vulgar para un villano de su categoría.


Las acciones de Reed en Latveria tendrán severas consecuencias, pues incluso llegan a costarle la vida a uno de los miembros del grupo. Entonces, asolado por la culpa, Reed llevará a cabo el viaje más extraño de toda la historia de los 4F. Los tres miembros restantes del equipo viajarán hasta el Más Allá para buscar a su amigo y allí, en ese plano superior, se encuentran nada más y nada menos que con su Creador. ¿Dios? No, mucho mejor: los 4F se encuentran con el mismísimo Jack Kirby, mítico dibujante y artífice de gran parte de la magia que caracteriza al Universo Marvel. Amado por los lectores, pero maltratado durante años por la empresa a la que había ayudado a encumbrar, Kirby falleció en 1994. Waid realiza de esta forma un precioso y emotivo homenaje al legendario autor y le coloca en el lugar que siempre se ha merecido a pesar de lo que digan los contratos y los acuerdos legales.


Después de una historia así, parecía difícil volver a sorprender a los lectores, pero Waid aún guardaba un par de ases en la manga: ¿Qué tal si un par de miembros de los 4F intercambian sus poderes? ¿Y si uno de ellos se convierte en heraldo de Galactus, el Devorador de Mundos? ¿Y si descubrimos lo que oculta Galactus bajo su apariencia de fría deidad cósmica? Los últimos números de su etapa siguen siendo un carrusel de sorpresas.

Es importante hablar del estupendo trabajo del dibujante, Milke Wieringo, quien por desgracia falleció en 2007 (no mucho después de su paso por la serie de la Primera Familia) a la edad de 44 años. El estilo cartoon y amable de Wieringo, muy influenciado por la estética de las series de animación, casa estupendamente con el tono de Waid, tanto en los momentos más divertidos como en los más dramáticos. Wieringo era un dibujante expresivo y dinámico, por lo que no tuvo ningún problema en dotar de una personalidad propia a cada uno de los miembros del fantástico cuarteto. Aunque no pudo dibujar todos los números que escribió Waid, los más importantes quedaron íntegramente en sus manos, incluyendo el enfrentamiento con Muerte, el viaje al Cielo y la llegada de Galactus. Es especialmente divertido el reencuentro de Wieringo con Spidey, a quien ya había dibujado con anterioridad (y a quien volvería dibujar poco después en una miniserie que cruzaría los caminos del cabeza de red y los 4F).


Una de las pocas cosas que se pueden criticar de esta etapa es precisamente que Wieringo debe dejar algunos arcos argumentales en manos de otros dibujantes, lo que hace que la estética de la misma se resienta. Aunque sean arcos menores, como "La Quinta Rueda" (centrado en Franklin y dibujado por Casey Jones) o "Disfuncional" (una historia bastante intrascendente con los 4 Terribles como enemigos dibujada por Paco Medina y en la que Karl Kesel le echa una mano a Waid en el guión), ninguno de ellos supone mayor ruptura respecto al estilo que "Acción de Autoridad". El dibujo de Howard Porter, aunque no está nada mal, queda muy lejos de la maestría y elegancia de Wieringo. Debo reconocer que nunca me gustó esa historia.

A pesar de todo, al valorar esta etapa de los 4F en su conjunto pesan mucho más los aciertos y las buenas ideas que los momentos más flojos. La Primera Familia necesitaba una nueva orientación que respetase su pasado sin renunciar a un futuro innovador y eso es precisamente lo que Waid y Wieringo le otorgaron. Pero, a pesar de que fue muy bien recibida por los lectores, las ideas de Waid no tuvieron mucha trascendencia. Tras su marcha, los 4F pasaron por un nuevo cambio de orientación y pronto se sumieron en la vorágine que supuso el crossover "Civil War". Pasaría bastante tiempo hasta que un nuevo soplo de aire fresco revitalizase a la Primera Familia con una perspectiva genuina acompañada de argumentos novedosos. No obstante, estoy seguro de que el paso del tiempo colocará la etapa de Waid y Wieringo en el lugar que se merece: entre los grandes clásicos modernos de Marvel.


Esta estupenda etapa abarcó 37 números (de los cuales Wieringo dibujó 27). En nuestro país su aparición coincidió con el paso de los derechos de publicación de Marvel de la venerable editorial Forum a Panini, quien a día de hoy continúa publicando las aventuras del cuarteto. La edición original puede ser difícil de encontrar, pero los primeros arcos argumentales de esta etapa fueron recopilados recientemente por Panini en dos tomos de su coleccionable Marvel Héroes (titulados "Los 4 Fantásticos: Imaginautas" y "Los 4 Fantásticos: Impensable").