28 de diciembre de 2010

[Literatura] Reseña de "La Elegancia del Erizo", de Muriel Barbery

Bajo la portada de tonos rosáceos de "La Elegancia del Erizo" se esconde un inesperado relato cargado de belleza y sensibilidad acerca de la búsqueda de la eternidad frente a lo efímero de la vida. Se trata de un profundo mensaje filosófico enmascarado tras una moderna fábula escrita con maestría e inteligencia, con un humor sutil y refrescante y un gusto exquisito.

La autora:

Muriel Barbery, nacida en Casablanca en 1969, es profesora de filosofía además de escritora. Esta autora francesa cuenta con dos novelas en su haber: "Una golosina" (2000) y "La Elegancia del Erizo" (2006), ambas de un gran éxito. "La Elegancia del Erizo" fue un todo un fenómeno en Francia, superando las treinta ediciones y el millón de ejemplares vendidos, además de haber ostentado el primer puesto de ventas durante treinta semanas consecutivas. Esta auténtica revelación editorial no tardó en ser traducida a diferentes idiomas y publicada en otros países, alcanzando notables cifras de ventas y valoraciones muy positivas por parte de la crítica literaria. En 2009, la directora Mona Achache adaptó la novela a la gran pantalla en un largometraje titulado "El Erizo".



La obra:
"Sí, el universo conspira a la vacuidad, las almas perdidas lloran la belleza, la insignificancia nos rodea. Entonces, tomemos una taza de té. Se hace el silencio, fuera se oye soplar el viento, crujen las hojas de otoño y levantan el vuelo, el gato duerme, bañado en una cálida luz. Y, en cada sorbo, el tiempo se sublima."
"La Elegancia del Erizo" nos lleva al número 7 de la Calle Grenelle de París, un edificio ocupado por varias familias, todas ellas de posición acomodada y patente poder adquisitivo. Renée Michel es la portera, una mujer de cincuenta y cuatro años, viuda, bajita, rechoncha, arisca y sin estudios de ningún tipo. Se diría que es el perfecto paradigma de portera, salvo porque esconde un íntimo secreto. Renée finge que se trata de una persona ignorante y común, cuando, en realidad, es una mujer inteligente, profunda y sensible capaz de disfrutar de la belleza de las Artes (especialmente de la literatura) como muy pocas personas pueden; mucho menos los ricachones estrechos de miras que viven en el inmueble y la miran por encima del hombro. Preocupada constantemente por mantener el estricto rol social que la vida le ha adjudicado, Renée no permite que sus verdaderos sentimientos se muestren a través de sus inexpresivos rasgos, cumpliendo sin rechistar sus responsabilidades para con los residentes del edificio y reservándose para sí misma las reflexiones que la belleza de las Artes le suscita a lo largo de sus largas noches de lectura. Su única compañía es León, un gato gordo y vago llamado así por León Tolstói, autor de una de las novelas favoritas de Renée: "Anna Karenina".

En el mismo edificio del que es portera Renée vive Paloma Josse, una niña de doce años tan inteligente como reservada y solitaria. Asqueada por los adultos que le rodean (su padre vive lamentando la decisión de dejar a la abuela de Paloma en una asilo, su madre lleva diez años sometiéndose a psicoterapia y consumiento somníferos para dormir y su hermana mayor es tan simple como caprichosa), Paloma ha tomado una firme decisión: ella nunca se convertirá en un adulto como ellos. Para cumplir su objetivo ha orquestado un meticuloso plan para suicidarse el día que cumpla los trece años sin que nadie sospeche nada al respecto. Sin embargo, antes de que llegue el día en el que al fin se quite la vida, se ha propuesto escribir todas las ideas profundas que su mente sea capaz de formular. Puesto que Paloma es una gran amante de la cultura japonesa, decide escribir estas ideas profundas en forma de haiku (poema corto de tres versos) o tanka (poema de cinco versos). Asimismo, junto a su "diario de ideas profundas" se propone escribir un "diario del movimiento del mundo", en el cual tratará de buscar en los sucesos cotidianos y en los objetos materiales una razón por la cual merezca la pena seguir viviendo, con la intención de contrastarla con su voluntad de sucididarse al cumplir los trece.

Tanto Renée como Paloma viven existencias solitarias, grises y carentes de esperanza. El mundo gira a su alrededor, pero ellas no se sienten parte de él. Tan similares, tan cercanas, pero sin llegar a conocerse realmente, un evento inesperado - la llegada de un nuevo y exótico residente al inmueble - las pondrá en contacto por primera vez. Ambas disfrutarán entonces del placer de encontrar la belleza en las pequeñas cosas y abrirán sus corazones por primera vez al exterior. La vida aún tiene muchas lecciones que mostrarles y ambas saldrán cambiadas de la experiencia. El triunfo y la tragedia, esencias que constituyen la vida misma, les aguardan.

Valoración:
"¿Qué hacer
frente al jamás
si no es buscar
el siempre
en unas notas robadas?"
"La Elegancia del Erizo" es un bello cuento moderno maravillosamente bien escrito y de una sinceridad arrolladora. Formado por capítulos muy breves, de unas cuatro o cinco páginas a lo sumo, su estructura aglutina tres partes bien diferenciadas: el "diario de ideas profundas", el "diario del movimiento del mundo" (ambos narrados por Paloma) y las vivencias de Renée, que constituyen la mayor parte de la obra. En cierto sentido, se podría decir que la portera es la auténtica protagonista, siendo los sucesos centrados en ella los que afectarán finalmente a Paloma y a su decisión de quitarse la vida, conduciendo así a la conclusión de la historia.

Mientras que los escritos de Paloma son duros, cínicos e incluso destructivos en algunos momentos, los de Renée vibran con un uso casi luminoso del lenguaje, con predominio de oraciones subordinadas encadenadas con un fluir impecable, con metáforas tan bellas como tristes y sugerentes y con un sutil sentido del humor de lo más divertido. Luces y sombras, ambos escritos nos narran la historia que transcurre en el número 7 de la calle Grenelle con amargura y abnegación, pero también con inocencia y sinceridad. Las referencias a la política, la educación, la sociedad y la cultura (a las Artes en general y, especialmente, a la filosofía, la pintura y la literatura) abundan a lo largo del libro, abarcando una amplia variedad de sensibilidades creativas y estéticas. Por ejemplo, mientras que Renée adora a Tolstói y a los pintores holandeses, Paloma lee los mangas de Jiro Taniguchi y admira el go (un juego de estrategia de origen chino).

El título del libro, buen reflejo de su contenido, surge de la metáfora que compara a Renée con uno de estos animales cubiertos de espinas y cerrados sobre sí mismos, aislados a todo contacto con el mundo, pero tremendamente regios y elegantes en su soledad. Sin embargo, en lugar de narrarnos su soledad, el libro nos narra su apertura hacia el exterior, su redescubrimiento de las emociones compartidas y el nacimiento de una nueva esperanza en su corazón (pues es uno de los principales mensajes del libro que nunca es tarde para descubrir la belleza de la vida), así como las vicisitudes que el destino - o el azar- ha preparado para ella. Pero no hay que llevarse a engaño: el libro sorprende por su crudeza y por lo trágico e injusto de los acontecimientos que se narran en su emotiva conclusión. Sin embargo, la belleza de su mensaje, en lugar de verse mancillada por la tristeza y la injusticia, queda reforzada: la vida es un continuo "jamás", una desesperación interminable, salpicada por momentos de singular belleza que perduran por siempre. La vida es, pues, buscar los "siempres" dentro del "jamás".

En definitiva, "La Elegancia del Erizo" es una lectura deliciosa y vivificante, así como emotiva e inspiradora. Se aleja del pesimismo existencial dolorosamente omnipresente en el mundo actual y muestra la alternativa: alcanzar la felicidad a través de la amistad y la eternidad a través del Arte. Si bien no niega la tristeza y la soledad de la vida, también defiende que la belleza aguarda a ser encontrada en las pequeñas cosas, en los detalles de la vida cotidiana y en las personas aparentemente insignificantes que comparten nuestra existencia casi sin que nos percatemos de ellas.